Poemas recomendados de Ecuador

Embárcate en un viaje lírico a través de la diversidad y riqueza de Ecuador. Este mes, exploramos versos que evocan desde los majestuosos Andes hasta la inigualable costa, pasando por la profundidad del Amazonas. Cada poema es una ventana al alma ecuatoriana, reflejando sus tradiciones, pasiones y paisajes. Con voces consagradas y emergentes, esta selección te invita a descubrir la esencia y el encanto de una nación en cada estrofa. ¡Déjate seducir por la magia de la poesía ecuatoriana!
Jorge Carrera Andrade

“Vocación extraña”

No he venido a burlarme de este mundo.

Sino a amar con pasión todos los seres.

No he venido a burlarme de los hombres.

Sino a vivir con ellos la aventura terrestre.

 

No he venido a hablar mal de los insectos

a descubrir las llagas del ocaso

a encarcelar la luz en una jaula.

No he venido a sembrar de sal los campos.

 

No he venido a decir que la jirafa

quiere imitar al cisne, que los pinos

sirven sólo de adorno entre las rocas.

No he venido a burlarme de los nidos.

 

He venido a mirar el mundo hasta la entraña

y acariciar las cosas simplemente

único patrimonio de los hombres.

No he venido a burlarme de la muerte.

David Ledesma Vázquez

Distinto

El pájaro que tiene sólo un ala,

la naranja cuadrada,

el árbol tenso

que tiene las raíces para arriba

y el caballo que galopa para atrás,

sólo ellos me entienden.

Mis hermanos.

Mis diferentes semejantes que amo.

Y un día,

distinto,

sin pareja,

con ellos cavaré un hoyo muy negro

donde meterme con mi sombra a cuestas.

Violeta Luna

Afuera de la trampa

Dejadme por favor vivir mi vida,

amándola,

mordiéndola,

quitándole el veneno,

limpiándola.

Dejadme que me salve o me condene,

dejadme que vomite,

que sangre,

que sonría,

que cante por el fin de tanta guerra,

que llore por la guerra de los fines.

Dejadme que en silencio

escriba en vuestra culpa una sentencia,

que borre la sentencia de la culpa.

Dejadme que me hunda,

que gima,

que flote en lo intermedio,

que sueñe,

que pueda en una esquina

pisar un alacrán inofensivo.

Dejadme cuantas veces

firmar cada recado sin mi nombre,

dejad que me equivoque,

Dejadme cuantas veces

firmar cada recado sin mi nombre,

dejad que me equivoque,

que llame con maldad al bueno malo.

Dejadme simplemente

que cuente por decenas,

qué coma con la izquierda,

que te ame sin remedio.

Dejadme por favor vivir mi vida,

que escape,

que reniegue,

que grite por las lluvias que se enlodan,

que ría por el lodo que se enlluvia.

Dejad, pero dejad

afuera de la trampa mi cabeza.

Karina Gálvez

“Mi regreso”

Voy a revivir a mis muertos,

Pues yo no creo que es cierto

Que el muerto, muerto está.

 

Haré gritar al silencio

Que como todo ser necio

Pensó que lo que “no dijo”, va.

 

Pintaré la tumba del abuelo,

Se regocijará hasta el Cielo

Que hoy llegó la claridad.

 

Llevaré flores a mis padres,

Con lirios les haré un parque

En donde puedan bailar.

 

Con mi regreso a mi tierra,

Limpiaré las hojas secas

Que no los dejan descansar.

 

Con mi regreso a mi tierra

Pondré flores donde hay hiedra

Y ya no se marchitarán.

 

Mis muertos irán delante,

Serán los guías brillantes

Que iluminarán mi andar.

 

Ya no seré un inmigrante,

Seré ahora un “regresante”

Al que no podrán frenar.



Catalina Sojos

“Fuego”

Tienes razón: soy fuego

y las perennes fogatas que llevo

incendian

los instantes dentro de mí.

 

Mis pensamientos

veloces chispas encendidas

prenden mi lengua y

arden las palabras

 

¡lluvia de fuego

soy

eterna y permanente!