Poemas recomendados de Cuba

Poemas recomendados de Cuba

“Cuba, una isla llena de pasión, música y cultura, es también cuna de una poesía vibrante y apasionada. En este post, nos sumergiremos en el mundo de la poesía cubana para descubrir cómo sus versos han dado voz a la vida cotidiana de esta tierra apasionada. “
Roberto Fernández Retamar

“A mi amada”

En el Día de los Enamorados, el domingo, he despedido a mi amada.

Subió al ómnibus de la mano de su compañero,

Que en la otra mano llevaba una guitarra remendada.

Se sentaron sonrientes en el primer asiento: ella ocultaba su tristeza con un giro

          de sus bellos ojos,

Y él estaba ya proyectando aventuras, cacerías, veladas con música.

Los rodeaban nuevos amigos que aún ignoraban que lo eran:

Iban a empezar a conocerse en un largo viaje,

Cambiando de avión en Madrid, en Roma, hasta llegar a su destino,

Su destino de médicos durante dos años.

Fui a buscar una flor, o al menos una hoja de árbol,

Para dársela como hacía cuando ella regresaba cada domingo a su beca.

Pero el ómnibus empezó a ronronear, y tuve que regresar de prisa.

Mi amada había de4scendido y me esperaba en la calle.

Apenas nos abrazamos. No teníamos tiempo. Quizás tampoco teníamos fuerza.

Regreso a su asiento. Movimos nuestras manos en el aire del mediodía.

Sé que lleva en su maletín dos dólares y unos centavos y una novela alucinada.

Confío en que le duren los tres días del viaje.

Luego empezará su otra vida, su otra novela, de médica en África,

De médica en Zambia, adonde mi hija ha marchado,

En el Día de los Enamorados, de la mano de su gallardo compañero de barba

          roja.

Sé útil. Sé feliz. Este triste está orgulloso de ti.

Te espero siempre, amada.

los barcos me dan la vida.

Domingo Alfonso

“Un poema para la rosa”

Si consigo levantarme, si me levanto,

sí a pesar de todo me apodero del lápiz, si lentamente

hago un llamado a mis ideas, si mi cerebro

va hilvanando menudos pensamientos

como la trama de un tapiz que intenta tomar forma;

si a pesar de todos mis esfuerzos nada consigo,

si en vano, en mi lucha, chasqueando,

crepitando, golpeando como los cascos

de poderoso potro sobre las rocas; si todo esto sucede

y extenuado, rendido, lleno de vencimiento

acudo a la ventana y allí respiro el día.

 

Si quiero, si a pesar de todo insisto

en componer un poema para la rosa;

si quiero, si me revuelvo, si continúo

a la manera de un enorme lienzo virgen;

si comprendo que nunca, por más que lo desee,

jamás podré componer, aunque en ello ponga la vida,

un himno a la belleza de la rosa,

entonces, sólo entonces se apodera de mi existencia,

como un árbol enorme de negras raíces;

como una red oscura sin espuma ni peces,

la mayor de las frustraciones que puedas conocer;

como haber estado a dos pasos de la mujer que no será

tuya;

como haber perdido por un segundo el expreso que se aleja;

como haber podido escribir, como haber empezado, como

haberte dispuesto

con todos tus deseos, a hablar de la textura de la rosa

y no haberlo podido conseguir…

aunque naciera en la luna.

Dulce María Loynaz

“Creación”

Y primero era el agua:

un agua ronca,

sin respirar de peces, sin orillas

que la apretaran…

Era el agua primero,

sobre un mundo naciendo de la mano de Dios…

Era el agua…

Todavía

la tierra no asomaba entre las olas,

todavía la tierra

sólo era un fango blando y tembloroso…

No había flor de lunas ni racimos

de islas… En el vientre

del agua joven se gestaban continentes…

¡Amanecer del mundo, despertar

del mundo!

¡Qué apagar de fuegos últimos¡

¡Qué mar en llamas bajo el cielo negro¡

Era primero el agua.

Luis Marré

“Pequeña canción diurna”

Voy a hablar de la dicha

no de sueños ni cábalas.

 

Voy a hablar de la dicha

—perdona si no dejo

a un lado mi tarea.

 

Voy a hablar de la dicha.

Más que discurso es canto

de labor:

óyeme

mirándome a las manos.

Carilda Oliver Labra

Discurso de Eva

(…) Te extraño,

¿sabes?

como a mí misma

o a los milagros que no pasan.

Te extraño,

¿sabes?

Quisiera persuadirte no sé de qué alegría,

de qué cosa imprudente.

¿Cuándo vas a venir?

Tengo una prisa por jugar a nada,

por decirte: «mi vida»

y que los truenos nos humillen

y las naranjas palidezcan en tu mano.

Tengo unas ganas locas de mirarte al fondo

y hallar velos

y humo,

que, al fin, parece en llama.