Poemas recomendados de Argentina
La poesía argentina ha sido, desde sus orígenes, un terreno fértil para la expresión de lo íntimo, lo político, lo social y lo filosófico. Desde las primeras letras gauchescas hasta las vanguardias del siglo XX y las nuevas escrituras contemporáneas, la poesía argentina ha sabido renovarse sin perder profundidad ni identidad.
Camila Fabri
“Hotel sin cielo”
“Este hotel no tiene cielo.
Afuera, los árboles pelean con el viento
como si también esperaran algo.
Nadie toca la puerta,
nadie nombra lo que no se puede nombrar.
En la ducha el agua no calienta,
pero no importa.
Me quedo ahí,
bajo el chorro,
como si lavarse fuera
una manera digna de seguir.
Mi madre me dijo una vez:
‘todo pasa si lo dejás pasar’
y acá estoy, dejando pasar
la luz
la rabia
y esta habitación
sin cielo.”
Luciana Reif
“La casa está en silencio”
“La casa está en silencio
como un animal dormido
en la última respiración del día.
Es entonces cuando puedo pensar.
No en el sentido productivo,
sino en esa forma de pensamiento
que se parece al viento:
pasa
y no sabés qué dejó.
Pienso en mi cuerpo
que hoy fue carne,
fue bazo,
fue latido en la escuela,
fue abrigo,
fue espada,
y ahora es apenas sombra
tendida en la mesa.
Me siento tan fuerte
como una madre
que dice ‘no pasa nada’
aunque todo
esté por romperse.”
Franco Rivero
“Inventario de cosas que ya no vuelven”
“El verano que dejaste
una remera tuya en mi mochila
y yo la usaba como si fuera un escudo.
La siesta de campo donde dormíamos
hasta que la radio decía la hora
y nos levantábamos sin hablar.
Los perros viejos,
el ventilador oxidado,
la estufa que no servía pero encendíamos igual
para sentirnos cuidados.
No vuelve esa risa,
ni las manos abiertas sobre el mantel de hule.
No vuelve el agua
en la que nos lavábamos los pies antes de dormir.
Pero vuelve este poema,
y eso, quizás,
también sea una forma de regreso.”
Juana Bignozzi
“El hombre que me compra flores”
El hombre que me compra flores
se las guarda en el bolsillo después de dedicármelas
recomienda serenidad ante mis síntomas y mis pérdidas,
cuando se ha asegurado de que recuerdo la hora del regreso
me pide que deje de buscar mi maleta
vuelva a calzarme mis incómodos zapatos
y busquemos un buen lugar para comer.
Andrés Neuman
“Ruidos equivocados”
Algunas cosas hacen
ruidos equivocados:
problemas de doblaje con el mundo.
De pronto un vaso tiene voz de niño,
el tenedor escarba una cabeza,
una mesa chirría su neumático.
El desorden provoca observación
en la misma medida que la música
discrepa de sus previas armonías.
Llevo en la espalda el eco
de la puerta que acabo de cerrar,
como esa noche en que dijimos frases
que merecían otros.