LUIS MARIO

Luis Mario. Nació en Quivicán, Habana, Cuba, en 1935. Exiliado político desde 1967, reside desde esa fecha en Miami, Florida. Profesor de Periodismo de la Universidad de Miami y Jefe de Redacción de Diario Las Américas, de Miami, Florida. Académico de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Vicepresidente del capítulo de Miami del Círculo de Cultura Panamericano. Miembro fundador del PEN Club del Exilio Cubano. Ha publicado doce libros en verso y prosa, entre los que se destaca Ciencia y arte del verso castellano, un tratado sobre versificación de más de 500 páginas.

 

 

     El próximo domingo 4 de abril se cumplen 720 años de la muerte en Sevilla del Alfonso X, llamado el Sabio, Rey de Castilla y León desde 1252 hasta 1284. Hijo de Fernando III, su nacimiento había ocurrido en Toledo, el 23 de noviembre de 1221.

     El dominicano Pedro Henríquez Ureña, que fue algo así como nuestro Dámaso Alonso hispanoamericano, pone a este rey en el centro mismo de la transición de la poesía galaicoportuguesa a la canción trovadoresca de Castilla: “Senhora, por amor de Dios,/ aved algún duelo en mí…” Alfonso XI, biznieto del Rey Sabio, escribiría correctamente ya en el Siglo XIV, los octosílabos trovadorescos más antiguos que se conocen en castellano: “En un tiempo cogí flores/ del muy noble paraíso…”

     Lo grandioso de Alfonso X es que al morir su padre, Fernando III, se enfrentó a los musulmanes, y conquistó las fortalezas de Jerez y Cádiz, aunque aspiró sin éxito al Sacro Imperio Romano Germánico. Además, le dio un gran avance a la economía, y valor jurídico al Honrado Concejo de la Mesta, organización que representaba los intereses de la ganadería del reino.

     Alfonso el Sabio gobernaba y escribía. La literatura poética recoge sus más de 400 composiciones gallegas tituladas Cantigas de Santa María, las que, por su delicadeza, sensibilidad y encanto, hacen poner en duda las acusaciones expresadas por sus enemigos de que era un soberano supuestamente cruel.

     Entre sus logros está la introducción del Derecho Romano en Castilla y León, y la organización de las leyes. Al mismo tiempo, tanto la cultura occidental como la oriental tienen amplia acogida en su reinado, a través de traducciones de la Biblia, el Corán y el Talmud, entre otras obras.

     Fueron muchas las grandes realizaciones del monarca en el campo de la sabiduría, las que le merecieron con justicia el apelativo de Sabio. En su reino se crearon las tablas astronómicas y se construyó la Catedral de León.

     La actividad historiográfica de Alfonso X y de sus colaboradores se concreta en obras como la Estoria de España y la Grande e General Estoria, en lengua romance, que resultan fundamentales. La segunda de esas obras quedó incompleta por la muerte del rey, pero en cambio consiguió terminar el primero de dos tomos de la Crónica General, sobre países y pueblos que dominaron su territorio español, entre los que se cuentan los griegos, los africanos y los romanos.

     Otro aporte de valor inestimable que se debe directamente al Rey Sabio, debidas a su pluma o a la de sus ayudantes, es Las Partidas, un Código de Derecho que fue una anticipación para el futuro, realizada en los tiempos medievales remotos de su época, cuando en el mundo de entonces no existía nada parecido.

     Las Partidas abarcan las leyes de la Iglesia en relación con el Estado; la vida de los gobernantes y hombres destacados por su grandeza como los reyes y los emperadores; la administración de la justicia; el compromiso matrimonial; las leyes económicas sobre préstamos y ventas con las difíciles relaciones entre los hombres; decisiones sobre herencias y testamentos; y desemboca en las penas a encarcelamientos que provocan las condenas dictadas contra hombres acusados de algún delito.

     Alfonso el Sabio fue un rey que, como ser humano, puede haber cometido errores, pero lo salvan para la historia admirable de los grandes hombres de la humanidad, su preocupación por los avances de la cultura general, su apoyo a las letras, el arte y a la ciencia y, sobre todo, su devoción cristiana, vertida con honda intuición y amor a la Virgen María en sus inmortales Cantigas.

 
     
 

 

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