ASTUR MORSELLA

Nacido en Mendoza, Argentina. Reside en Miami.
Cuando sólo tenía 20 años, creó en su provincia la revista literaria Voces,
junto con los hoy reconocidos poetas argentinos Fernando Lorenzo, José Oscar Arverás, Armando Tejada Gómez y César Mermet.
Radicado más tarde en Buenos Aires y mientras ejercía su profesión periodística, publicó sus poemas en el suplemento literario del diario La
Nación, del cual ha sido colaborador por más de treinta años.
En sus libros "Poemas y Parábolas" y "Cambio de Vida", ya publicados, así
como en los aún inéditos "Poeta en la India" y "Para Dulcinea", está
presente toda su búsqueda de una forma expresiva que sea síntesis de su
obsesivo interés en atrapar la vida y hacerla letra.
De "Poemas y Parábolas" dijo el matutino porteño La Nación: "Los temas del amor y la fe son desarrollados en esta obra con un equilibrio que alcanza por momentos imágenes donde la belleza está presente con su trasfondo luminoso". El diario Clarín, también de Buenos Aires, al referirse al contenido de "Cambio de Vida" expresó: "Este libro señala el camino soñado para una verdadera revolución: aquella en la que el hombre desciende hacia las profundidades de su alma".
Autor también de ensayos literarios y libros de relatos, Morsella se hizo
acreedor en l970 al Primer Premio Internacional de Ensayos otorgado por el Gobierno de la India por su estudio: "Gandhi y la Emancipación del Hombre", y en l994 al Primer Premio José Martí del Instituto de Cultura Hispánica de Houston, Estados Unidos, por su ensayo "Domingo S. Sarmiento, educador ejemplar de las Américas".

Indice
TRIPTICO DE LA ESPERANZA
Los dos
La lección
La fe

MUSICA ANSIOSA
Vagabundo
Pausa
Invitación
Palabras para el horizonte
La estrella
Poema solo
Ese viento

ADVENIMIENTO DEL REPOSO
Hábitat
Composición de auroras
A un hada
Suelta en mí
Tu fuerza tenue
Reencuentro
Oración
Amor
La noche
El contenido de la noche

 

 

TRIPTICO DE LA ESPERANZA

Los dos

La suerte fue este Apocalipsis
porque hizo lago
la lágrima de donde venías.
Te cuento:
los hombres luchaban
por asuntos sin alba,
la mesa estaba muda
y tenía flores de ceniza.

Habían construído un mundo
y celebraban su vanidad
con miedo. Pero
vivían fugacidades parecidas
a un hambre o a un deseo,
y lloraban en sueños
una ternura muerta
y una simpleza.

Entonces fue el Apocalipsis
–el hombre quedó sin sueños–
y no era fuego, sino frío
el devorante de rosas
y de anhelos.

El último piano de la ciudad,
la boca suave, la inquietud
de las finales hojas y los árboles,
todo cayó como un alma
en su postrer mañana,
y yo seguí tu lágrima entre las lágrimas,
y ella se hizo lago
para que moráramos.

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La lección

Respira sobre la piel
la gran paz del mundo
y créelo:
todo descansa
de su fatiga de ser.
El océano recuesta
sobre la playa
su antiguo rostro azul,
Ulises vuelve
vencido en su corazón,
Dios mira cómo los escudos yacen
en el milenario orden verde
de la tierra romana.
En Nueva York hay silencio.
En Londres, en Pekín, en Buenos Aires
hay silencio.
¿Pararon las máquinas
su cotidiano mensaje
de desdichas?

(Por favor, no interrumpan)

Gandhi ha vuelto
y dice:
Gracias por la tregua
entre los hombres...
Que ella sea infinita
como esta noche vuestra
es inmensa, antiquísima,
nueva como la piel de un niño
y tan eterna como la luz
sobre la tierra.

(Por favor, no interrumpan)

Y los generales de la paz
han dicho a sus soldados:
–Comuniquen a la vida
este tierno parte:
las razones de amor
de sólo dos
conmovieron los días
de la vana lucha.
Se ordena orar
en los lagos, en los caminos
sin diálogo de la ciudad,
y se dispone la exaltación
de la belleza,
la alegre locura
de un caballo desnudo en la playa,
un desayuno con Saint-Exúpery,
la cosecha de uvas tolerantes
y fe en las pequeñas cosas.

Y los generales de la paz
comunicaron que había cesado
el dolor,
sólo porque una luz muy pequeña
despojó de su inmensa sombra
al mundo.

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La fe

Sólo las viejas lealtades
o el cruzado
que se apoya en la lanza
buscando la luz,
o la mujer salomónica
y Scheherazade
con su eternidad contada
y el Hombre aquel
que partió el pan
y perdonó siempre todo
menos la duda...
Oh, cómo enumerar
las formas de la pureza:
la inconquistable Ciudad
y los calmos ríos
que curan de su herida
al mundo,
llagado ser
sin estrella en el tiempo,
deambulante asombro
para los otros mundos
que llenan nuestro pecho.

Un niño, sin saberlo,
da su aire nuevo y de fe
al gran globo loco,
donde una causa
floreció siempre,
cantando,
tras cualquier muerte.

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MUSICA ANSIOSA

Absorbido por amor a la ceniza
La soledad me pareció más viva que la sangre.
PAUL ELUARD


Vagabundo

Amanecer,
te confieso placeres
vanos como el bullicio,
y una caminata repetida
entre la lluvia, el verano
vacío de la ciudad
y la tontera
de ebrios recuerdos.
Todavia tira de mi solapa
la mano del aire,
ese viento atenuado
que recorre el Bajo
y que enloquece a tu pelo
en mi memoria.
Por la Recova,
sólo los diarios
se juntan con los hombres,
mientras empiezo a silbar
convicciones que divierten
al alba y que pueden dormirse
conmigo,
en el último taxi.

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Pausa

Es sólo un cansancio
del fervor,
una pausa quizá gris
del entusiasmo,
un estar quieto
con las ganas
y un silencio
solitario.
Después los símbolos
vienen por volcanes,
brotan las fuerzas
de la música
y es un niño
el que sale de traje
a buscar edad
en las palabras
que luego lo cansan.

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Invitación

Desandemos
y sirveme otra taza de té
y cuenta cómo es la nieve,
cómo es de anciano el otoño
entre la madera olorosa
y tu piel.
Veamos
nuestra taza de té
y la ventana a la tarde,
que es como mi pecho:
un pulmón que arde
junto al hogar,
el cuadrito suizo
y tu saco de piel.
Pero
veamos la taza de té
mientras fumamos
dos silencios sobre el mantel,
y busquemos
otros encuentros,
algún anuncio,
un signo
de otra taza de té.

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Palabras para el horizonte

Horizonte
es una palabra
lineal,
pero tiene luz
y canta,
y en su médula
están los días,
los pastos,
la caricia del río
y el sol.
Por eso la noche
lo esconde
en su vicio vientre,
para que nazca
azul o malva o rosa,
luego que las estrellas
juntan sus linternas
y se apagan
soñando,
bajo su propio cielo.

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La estrella

Veo
la niebla
y el páiaro que huye:
todo es desierto en mis ojos,
un páramo sin azul,
un cansancio.
No te invito
porque nadie vive aquí,
sólo la estrella que anda y anda
desde una noche,
la primera noche sobre el hombre,
sobre el primer hombre
y la tierra.

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Poema solo

Sociedad
de palabras vacías,
moribundas siempre
o ejecutadas
en devastados jardines,
en las playas sedientas
de mi voz,
en tu misma canclón
de grises ecos,
muchacha.
Solos, solos,
árboles perdidos
en el río de un verano,
sin el lenguaje
enterrado y alegre
de la sangre;
así estamos,
mientras nos devoran
silenciosamente los años
y no hay un llamado en la carne,
no hay la demencia,
no hay nadie,
nadie.

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Ese viento

Hoy,
sin darte cuenta,
dejaste escapar tu alma
y ahora te recorre la piel
como una ola ebria.
Hablo de tu alma,
ese viento que ya
te envuelve por fuera
y te empuja a la vida
que leíste
y que hoy puedes tocar
como la arena besa al cuerpo.
Tu alma,
esa residencia en fuga,
la pródiga
rebelde de ti misma,
un parque que echara a volar
o un salvaje durmiente
que amanece.
Dame un lugar en esa casa
y déjame que pase
cuando toque a su puerta.

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ADVENIMIENTO DEL REPOSO

Hábitat

Tu piel
recibe al invitado
a quedarse,
porque es el tiempo
de querer y es el tiempo
de ser,
es el tiempo
en la boca y en la sed.
Porque es
como una canción
que encontrara su voz,
un barco su destino
entre la noche,
una flor su perfume
pródigo, regresante,
un poeta su magia,
un cielo su lago
donde descansar
su azul oficio
de protegernos.
Así es
este tiempo
de conversar,
de compartir,
así es este tiempo
porque está escrito
que sea
y que seamos.

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Composición de auroras

Verte vivir
es como una danza
que pudiera besar,
es como una embriaguez
que aturde a los cristales
y los torna ríos,
madres en las que vuelven
los frescos destellos,
la serenidad del alba,
el rocío.

Verte vivir
es como un paseo
por toda la luz,
es como la lluvia
de monedas de sol
que juntan azorados
los chicos en sus sueños.
Es -–cómo decirte–
la aurora estridente
de pájaros y cantos
en la que vuelvo
solo,
con ese milagro
que hicimos ambos
no hace tanto.

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A un hada

A esa hora
en que las constelaciones
bajan a dormir
su eternidad diaria,
tu pelo
motiva el sol,
da fuerzas al aire envejecido
para rodear la vida
de los seres,
y me anuncia
que estás en el mundo,
como una promesa
que pudiera alcanzar
mi pecho,
este gran viajero
de la mañana,
que siempre sale
a celebrar tu encuentro.
Tu pelo,
ese contacto tenue
del fuego,
suave hoguera
caída en mi saco
por pedazos,
como antorchas
en camino
hacia mi propio incendio.
Tu pelo,
mi guía de árboles,
de ríos y de magias,
el trazo dorado
del cielo en la tierra,
las venas de oro
de mi sangre.
Dame esa paz brillante
e ilumíname,
cabello a cabello
espiga a espiga,
lámpara a lámpara.

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Suelta en mí

Nombrar
otra vez las cosas
que estaban muertas
y perfumar de anhelos
todo el aire;
salir, salir
hacia tu rumbo
ovillando minutos
que fueron ayer
y que vendrán hoy
como una lámpara.
Y además
cantar de nuevo
lo común y
besarte
y besarte
como si no hubiera
otro oficio
que besarte.

Este soy yo,
el juntador de tardes
y ventanas,
el que anduvo construyendo
soledades y vacíos
sin sospechar
que estabas
en una dimensión
de mí mismo,
trepando por mi sangre,
suelta en mí
a quien hoy atas
con tus propios brazos
de silencio.

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Tu fuerza tenue

Habrás notado
un detalle en la luz:
se enciende cuando te ve
y crece, crece
para que pases sin sombras
sobre el mundo
y seas su tibieza,
su suave ardor
de cada día,
de cada vida.
Es tu fuerza tenue
la que comparo con la luz,
porque de su fuego
nace el viento tuyo
que me quema y que llega
besando el aire,
todo el aire.

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Reencuentro

¿Pueden distanciarse
el árbol y el aire?
¿La suavidad
de la playa
y el mar que tiende
su caricia y parte?
Si es así,
una tristeza
volcará su lluvia,
todo seguirá solo
y sin puertas.

Por eso, prefiero oirte.

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Oración

Desde antes,
mis manos son parte
de tu piel,
venían en ella
haciéndose morenas
y tibias,
viajeras sin prisa
en su descubrimiento diario
de tus islas.
Porque son parte
de tu piel,
y se juntan, plenas,
en la oración pagana
y murmurante
que encendieran
mis propios labios
sobre tu templo.
Déjalas
a mis manos
en tu cuerpo
y hágase su voluntad.

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Amor

Una precisión,
una demora,
un mensaje
que todo detiene
y que recrea
la vida, le da
lo otro, lo anterior,
lo nuevo
y en fin, todo lo que cabe
en un beso.

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La noche

Quiero
que conozcas
la noche:
pocos la han visto
y confieso
que ella no es oscura,
ni silenciosa
ni es noche.
Un río blanco la baña,
un río sin lágrimas,
un aire.
Quiero
que la visites
y que le des
tu compañía
de adentro,
la alegre compañía
de tu fondo,
donde siempre está el día,
ansioso
como un labio
de otro labio
y otro.

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El contenido de la noche

Comprendo:
viene el día de luz,
de pisadas,
de un reloj presuroso
y de ese gran intervalo muerto
de no verte.
Atrapa
esta noche
y consérvala en tus ojos,
donde palpitan nidos
atentos a mi vuelo.
Envuélvela
a la noche
y tenla enfrente
y dentro
como una gran tormenta
de promesas,
para que vuelva otra noche
como esta,
y otra noche como esta.

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