| |
LOS
QUE CREEN
Los rayos del sol
no podían compartir el peso
de su conciencia,
de aflicción sin origen.
MALCOM LOWRY
Los tontos
I
Los que silban, los que en los caminos
llevan y traen la música, son los que en las noches
transitan todo el silencio sin barreras
y llegan como consuelo del alba hacia los otros,
los cansados de esperar el resultado de promesas
y de los besos que vieron en el cine,
final feliz entre el bochorno de las luces,
el acomodador y otra vez hasta el domingo,
sin siquiera silbar, ni llevar y traer algo
los que esperan.
II
Los que cantan, a pesar de algunos cantos o himnos
enarbolados antes o después de la batalla, los que son
voz mezclada entre sonidos leyes de las hojas cuchicheantes,
o balbuceos tiernos o brisas de las playas marginales,
los que memoran la piel morosa de los diálogos
y sus confluencias de alegría en el aire de las noches
cuando las bocas cierran bocas o son párpados
los que cantan.
III
Los que caminan sin ton ni son y viajan diariamente
al cielo que nos tienes prometido, y vuelven enseguida
confusos por las gentes en las calles,con la sorpresa
de que hay una ciudad y en ella semejantes,
los que se salen del cuadro y se ríen a destiempo
y ven estúpidamente amor en todas las cosas de la vida,
los que caminan asi o silban o cantan entre el ocio
como si el tiempo no tuviera dueño y nada que hacer
el salto en el espacio, las computadoras y el horario,
los que abundan de este lado, junto a los estíos y los
árboles,
son los que andan sin saber para qué y sin embargo
silban bajo el cielo que nos tienes prometido
Sueños de los vivos y los tontos.
Biografía
- Indice - Inicio
Posible
Claroscuro
en playas tan femeninas
al sol, atareadas
ante el antiguo asedio
del mar,
el venerable señor
irascible y suave
de costa a costa...
¿Recuerdas
al buen mar que no hemos visto,
y a su playa distinta,
siempre la misma,
la playa que tu andar no ha pisado,
donde estuvo tu abrazo
rodeándome sin tu cuerpo
porque no estuvimos?
¡Qué inmenso fue
volver y volver en el sol
sin estar allí,
mientras el mar demoraba
su constancia azul
sobre las piedras, aquellas
a las que ahora volvemos,
sin haber ido!
Biografía
- Indice - Inicio
Cambio
de vida
Uno se sale
se va
se huye
uno se parte
se corta en dos
se va dejando
caer
se cae
y está alegre
está bien
come despacio
y fuma
porque uno brota
otra vez
uno se junta
con uno
y cree
y es muy ingenuo
es poeta
tiene un mal saludable
sube otra vez
sube
y sube
y se sube a uno mismo
se mira desde fuera
porque qué cambiado estás
y esas cosas
que se dicen
cuando uno es igual
a uno
y son dos.
Biografía
- Indice - Inicio
Tiempo perdido
Ofensivas hay para negarlo
y para cercar su claridad
entre todos los árboles
muertos del destierro.
El enemigo es su constancia,
la agazapada cuchilla
se ve en la sonrisa
cotidiana de los otros
y eI desierto amarillo
rodea en vano al oasis
porque siguen puras las aguas
donde el amor bebe su violencia.
Biografía
- Indice - Inicio
Derechos
adquiridos
Primeros adelantados
los poetas
la dejaron vacía
el oro se llevaron
el cuarto menguante
los plenilunios
Debussy
la piel firme y suave
de muchacha que tenía la Luna.
Después
encendieron la TV
en la noche
vía satélite
y con la guitarra
cantaron una balada
ingenua
sobre una muchacha.
Biografía
- Indice - Inicio
TRINIDADES
Opción
Decidir
Decir
Dejar
Renacer.
Biografía
- Indice - Inicio
Lineal
Medida
Método
Moderación
Morirse.
Biografía
- Indice - Inicio
Paz
Comprensión
Calidez
Comunión
Compañía.
Biografía
- Indice - Inicio
CONFESIONAL
Deja arder tu noche
y apágala sin guardar
ceniza alguna.
Quizá
mañana
Entre confusiones
y desdichados, existe
un sosiego tenso,
que aún no han matado
los otros,
los que tú no ves
pero caminan suavemente
entre las flores
y el moroso susurro
de doradas sobremesas,
preparando noches
muy prolongadas, noches
sin guías ni estrella,
para que los demás
ignoren los ríos lejanos,
las palabras,
los compromisos lúcidos
de una lucha
que empieza a crecer
como un secreto
en un hombre,
que ahora mira como nace
el sol sobre las rocas.
Biografía
- Indice - Inicio
Tú,
Señor
Señor,
Tú, que has visto al hombre
hurgar en el bosque como un lobo,
a la pirámide sin luz
bajo los ojos de los muertos
que la levantaron;
Tú, que has visto dar el beso
mil veces repetido
en distintos montes
y a incontables dioses,
Tú, que dejaste rasgar
las vestiduras
a los grandes desnudos
en los templos
y diste pan al amor
y pan al odio;
Tú, Señor,
que mil veces fuiste
la batalla final
y aquel suicida
que vuelca su razón
sobre flores primeras
y últimas flores.
Tú, aparente contemplador
callado,
dime:
¿hay quizá un tiempo inmóvil
para el hombre bueno?
¿O es llamado el niño
desde su primer morada,
a esperar el alba,
la orden, el vamos final,
la carga?
Biografía
- Indice - Inicio
Edad
a E.O.S.
A veces es el agua del río
la que aún pasa, sorprende y sigue
con todos los pies alados dentro,
y no hay ni un puente ni un salto
hasta esto de hoy, con los mismos
protagonistas del agua, detenidos
en el dique, amontonados.
Hazme un lugar en tu recuerdo,
camina sobre las piedras puntudas
y abandónate descalzo a desandar
la tierra, y huye, huye del balazo de sal
de los quinteros, mientras la siesta
se hincha en el sueño y las ciruelas.
Ahora, otra vez, demora el crecer
¿0 es que sirvió bajar de los árboles,
salir de saco, recorrer la vida
angustiada de los diarios
y mirar como ajeno el territorio
en que quedó solitario tu padre,
cuanto te fuiste?
Biografía
- Indice - Inicio
Imposible
“No se lo digan a los niños: la
séptima pelota no existe”.
Romain Gary
Salto de los atletas frescos
entre los soles dorantes
¿para qué? ¿para qué, ideario
de la Vieja Pretensión del hombre,
si hasta el pincel cae vencido
como esa mueca que son los epitafios?
Desierto de nuevas páginas blancas
entre la hazaña madura de armar
las piezas deshabitadas de los mecanos,
escapándose la luz entre las hojas
finales de poemas sin vestir
o alborotando los colores pródigos
sobre telas asfixiadas de verdad,
porque la séptima pelota lúdica
de los malabaristas no ha nacido
y la aventura será infinita.
Biografía
- Indice - Inicio
Siempre
igual
Las palomas
retornaron del sol,
desconocidas.
Una mano trazó un rio
con su dedo azul
y el desierto,
por fin, mojó
los devotos labios
en la luz clara del agua.
Lázaro, inmemorial,
unió las sombras
en su ancho sueño, mientras
las bocas hallaban su Pan
y el peregrino su estrella
en el camino.
Oh, la bella historia
del hombre, tan ignota
como un destino de golondrinas
y tan callada.
Milenios hemos probado
con la oración,
la dádiva y el tributo
a los astros y al mar,
a las aves degolladas
y al pez ceremonial.
Siempre las manos
en la prosternación serena
cuando la plaza arde
y enciende el único ojo
de la inmolada bruja.
La batalla, después
y antes, siempre fue
desigual para el soldado.
Por otros murió él
sobre el cuerpo de su hermano,
y la ballesta y la lanza
y el arcabuz y la metralla
fueron su danza,
la ronda triunfal en el campo
abierto de su inocencia.
La noche vuelve por su mar,
las pupilas por la luz,
las palomas retornan
del sol, desconocidas.
Ante el altar de incienso
se ha pagado el tributo
y las flores crecen
sobre el pecho muerto
del soldado, caído
de bruces
sobre la vieja cruz
de la victoria.
Ahora nadie quedará:
sólo la rata y el azufre,
entre la invisible
esquirla de los sabios nuevos.
El silencio y los amontonados
autos viejos, la basura y el viento.
Edades, juntas y muertas,
retroceden el tiempo.
Del horizonte surge
un dedo azul y traza el agua,
arrima los peces desorbitados
en las playas, los junta
para que brillen y saluden
al primer día.
Las palomas retornan
del sol, desconocidas.
Biografía
- Indice - Inicio
MIOMITOS
Ciudad
La poesía es la medicina de la Ciudad:
por ella sigue el oxigeno en la flor
y, entre las monedas, fisuras del amor
dejan pasar viajes, tareas y ternuras,
abulias y responsos, y el aire, el aire
encendido de la adolescencia, el canto
casi callado de los tangos y los pájaros.
Por eso no muere la Ciudad, ya tan yacente.
Es que algo la recorre como un túnel,
y es el hombre, solamente el hombre
el mismo que la llena y la vacía,
el que nunca aprenderá que los árboles
retienen troncos bajo los muros,
cerca de los antepasados y del agua
que invertirá su curso y será lluvia
un día muy hermoso de nuestra vida.
Biografía
- Indice - Inicio
Toca
Pichuco
Ahora, conversando
entre sombras,
o bien parados
como ante Dios,
mientras todo
se pierde en nadie
y la nada baila
su Tibidabo azul
con cantor y orquesta.
Ahora toca Pichuco
y el templo hunde
en sus silencios
ruegos y creencias,
respetuosos rincones
de la noche, unidos
en comunión silbada
de recuerdos y de cosas
que nunca, quizá
nunca volverán.
Biografía
- Indice - Inicio
Humphrey
Bogart
Promesas platinadas
atenúan la metralla de tus ojos
cansados de celdas y capillas,
insomnes en la guarida sin flor
y vueltos hacia adentro,
hacia cualquier ternura inconfesable
por tus hermanos caídos en el robo.
Biografía
- Indice - Inicio
LOS
JUSTOS
Gandhi
No nos dábamos cuenta
que estaba con nosotros,
que era de luz,
de canto de la aurora.
No nos dábamos cuenta.
No nos dábamos cuenta
de su paciencia de árbol
y de su sabiduría
de mil ancianos juntos.
No nos dábamos cuenta.
No nos dábamos cuenta
de que era fuerte
como la obstinación
de no olvidar, y fecundo
como una promesa.
No nos dábamos cuenta.
No nos dábamos cuenta
que todo nuestro ser
era su ayuno, todo el odio
su lágrima.
No nos dábamos cuenta.
No nos dábamos cuenta
que todos los silencios
eran tu voz, todas nuestras
vidas tu muerte.
No nos dábamos cuenta.
Biografía
- Indice - Inicio
M.
Luther King
I
La muerte, que busca
a los justos,
es la ingenua
enviada del odio.
Tras ella, crece el césped
sobre tumbas y tumbas,
para repetir el duelo
de bala y paloma.
Y el justo, otra vez,
se viste y sale
y habla en la tribuna,
mientras camina
hacia él un fuego
y lo mata,
aquí y ahora.
Pero tiempo del justo
es el Tiempo,
y en su pecho
la contradictoria bala
es semilla de nuevos
tallos, silenciosos
y altos, cada vez
más altos,
más altos.
II
Descansa en paz ahora,
Luther King.
El aire fresco
de los álamos disipará
de a poco la pólvora
y todo tendrá un sentido.
Luego, amanecerá.
Biografía
- Indice - Inicio
JUEGO
DE NIÑOS
para Marcelo,
Juan Manuel
y Hernán.
Los juegos infantiles corren en las piernas de
los chicos, saltan en la rayuela, se dispersan en la mancha y
se buscan en las escondidas. Después, descansan en el cerebro
de los adultos, se introducen en su conciencia, son su distracción,
su cualidad de ausente, su retorno.
Es que a todos nos ha costado mucho llegar a ser niños,
y, más aún, después de ser hombres.
Y ahora estamos frenando las ganas de ver bailar un trompo olvidado,
de sacar más rápido que nadie el revólver
de la cartuchera y de esconder cofres en el fondo de la casa,
donde muchas veces se nos unía, en esa co njetural isla
del tesoro, el amigo inventado, silencioso y leal.
Si a uno le pasa todo esto, dirán: es un niño. Porque
la dificultad de muchos adultos para regresar a la infancia —aunque
sea tan sólo por porciones del tiempo— se manifiesta
en un torpe desparramar los castillos de arena de esas inocentes
playas, tan obstinadas. Y dicen del otro, del semejante: es un
niño, como si lo bello fuera ser adulto, como si el mundo
de los mayores guardara un orden o una armonia inalcanzable, una
transparencia.
Ya alguien ha sentenciado que un hombre es lo que oculta. Y lo
que ocultan los hombres, se nos ocurre, son sus días y
sus noches de niñez, con sus soldados de plomo que renacen
después de cada batalla y el sombrero de papel y el palo
de escoba para sus hermosos desfiles sin augurios.
A veces uno destapa esa cajita de la infancia, saca una imagen
dulce entre otras muchas. Y no convida a los amigos. Porque es
un gusto que se revive alejado, en una actitud distraída
y oportuna. A veces, algunos encuentran en su cajita, junto a
un caramelo y un lápiz de colores, una imagen amarga o
no tan dulce. Y entonces uno revuelve mejor, hasta que halla la
sonrisa entre un llavero viejo de papá y varias tapitas
de botellas.
Por eso, cuando se habló de la poesía como de “niñez
fermentada”, se abarcó en verdad todo lo que es poesía;
todo lo que es arte, en suma. Y de alguna manera, la vida que
imita al arte, según la ilusión de los estetas o
el consuelo de los trashumantes, plásticos, aedas, volatineros,
arúspices y saltimbanquis.
Y si un niño no es un poeta (porque para ser tal los maestros
lo quieren fermentado), es innegable que cada niño es un
poema. Un poema que empieza a escribirse solo, sobre una página
en blanco. Un poema de imágenes, de gestos, de piel y de
paz. Con un lenguaje tan tácito y tan inteligente que se
expresa sin dificultad y sin temor de ser comprendido. Un lenguaje
que se vive en libertad.
Es eso lo que han querido desveladas escuelas poéticas,
con ismos que intentaron sobresaltar la impavidez de la realidad:
un volver a ser niños, un comunicarse recuperado, un transcurrir
en un cosmos emocional con habla propia, con los signos primeros,
iniciales, descubridores. Los signos que, después, estructuran
solapadamente esa siesta forzada, sin juegos ni frutas verdes,
bajo la vigilante mirada de mamá, al principio, y luego
de los que mandan, simplemente. La siesta morosa y repetida que
una convención llama vida, ocultándonos en rigor
la verdadera vida que siempre está despierta, pero en penitencia.
Y viene enseguida el otro cosmos, el de ser ya persona o ciudadano,
el de la relación cortés y racional, el de las maneras
y las manías, envuelto en la reflexión de que en
un mundo así no vale la pena tener ilusiones. Y en cambio
de ello ¿qué?
Por eso los niños son los únicos que tienen razón
y, por lo tanto, los únicos que merecen ser imitados. Son
más maduros en su conducta que nosotros: dicen lo que sienten,
hacen lo que quieren, reciben su premio o su castigo, no tienen
miedo de amar o de expresar su amor, son honestos con ellos mismos.
Sus juegos no son fugas como los nuestros: son su realidad. Sus
mismas inquietudes contienen más ambición, porque
van desde el abordaje en el siglo dieciséis hasta la búsqueda
de tribus primitivas en la densidad africana y el encuentro de
nuevos mundos en el corazón de las galaxias. Son los héroes
de sus propias historias y, mientras en el mundo se hostiliza,
ellos despiertan con un beso a la bella durmiente del bosque.
Nosotros no tenemos esa suerte o ese coraje. Pero todavia, si
queremos, podemos encontrarnos muy alegres en los ojos de un niño.
Biografía
- Indice - Inicio |