| HERMINIA D. IBACETA
Llegaste diferente
Llegaste, amor, a despertarme. Ajena
caracola dormía al son del viento.
Como un susurro, amor, así te siento,
tibio beso de luz sobre la arena.
Rozas mi piel, te adueñas de la escena,
tu tañido azulea el pensamiento,
arropada en las ondas de tu acento
voy como nota inmaculada y plena.
Entre vítores tirsos y nelumbos
llegaste a mí, rotundo, diferente,
gigante colosal barriendo huellas,
ensayando horizontes a mi frente.
Llegaste, amor, cambiándole los rumbos
al campo sideral de mis estrellas.
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Muerte
Llegarás a los planos de lo inerte
polvo sin luz, materia consumada.
En las alas informes de la nada
volarás las llanuras de la muerte.
Riquezas ni poder han de valerte.
Al umbral de la última morada
desnudo llegarás, arca sellada
los dones que una vez te dio la suerte.
Coro de bronce cantará tu duelo,
lecho y almohada te dará la tierra.
Las tinieblas espacio para el vuelo.
Y un último tributo pondrá el hombre
sobre la piedra que tu cuerpo encierra.
En indelebles trazos, fecha y nombre. Indice - Inicio
Réquiem por Alfonsina
Era una tarde amarilla...
el mar, azulado espejo,
apenas copió el reflejo
del sol en postrera silla.
Te enlazaron en su quilla
silencios y soledades,
viste pasar las edades
rebelde al propio destino;
te fuiste por el camino
de inhóspitas oquedades.
El mar te abrió su regazo
versificando la espuma,
rítmicamente la bruma
te ciñó en místico abrazo.
Tu esíritu rompió el lazo
que encadenaba la vida.
Con la corola encendida
tu piel besó los torrentes
y reposaste en sus fuentes
como una ninfa dormida.
Ató la noche sus istmos...
al ritmo de la marea
entre corales te crea
senda desde los abismos.
Matinales espejismos
te envolvieron en su manto,
y entre conchas de amaranto
guardó la arena celosa,
en el perfil de una rosa,
libres, tu cuerpo y tu canto.
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Jesucristo
Del libro "En Pos del Rumbo"
I
La mariposa del atardecer
sus alas tiende sobre los olivos,
queman los cirios sus reflejos vivos
velando al ángel del amanecer.
Entre sombras, sin trono, ni poder,
el Hombre-Dios libera los cautivos
sentimientos, que en dardos punitivos
rasgaban lo más íntimo del ser.
A pocos pasos, inmutable, ajena,
enroscando sus sueños en la arena
dormita la materia en derredor.
¡Levantad la conciencia de la arcilla!
¡Despertad!, que ya siento en la mejilla
el aliento del beso acusador.
II
El premio a la traición, treinta denarios,
el precio del amor, la propia vida.
Por la senda de abrojos revestida
se desangran sus pasos milenarios.
De Judea, en los mudos escenarios,
la imagen del dolor cayó rendida,
al restallar sobre su carne herida
el flagelo infernal de los sicarios.
Ladraron los mastines de la angustia,
se repite su faz, lírica y mustia,
en las albas mareas de un pañuelo.
Y en los ríos de luz de su mirada
la humanidad entera reflejada
aún no cesa de cantar el duelo.
III
Leños cruzados sobre el infinito
en su mudez al Universo ataron;
sobre el desierto, en tormentoso rito,
el rostro de la muerte proyectaron.
Los ocres tintes de aquel sol marchito
la carne desgajada iluminaron,
se rompe el tiempo, en acerado grito
los ecos del espíritu quebraron.
Clavos, espinas, lacerante daga
sendas le abrieron, y su piel enciende
una rosa de luz en cada llaga.
Se entrega de la bestia a los resabios
y por amor la muerte, a cambio, prende
el salmo del perdón entre los labios.
IV
A sus plantas, el Orbe estremecido,
giró al golpe del rayo fulminante.
De la tarde, el inánime semblante,
se agostó como un lirio fallecido.
Se encrespó la marea del olvido;
la soledad, campana delirante,
tañó su pena, y el silencio errante
en las entrañas se palpó el latido.
¡Oh Jesucristo!, la conciencia inerte
de un pueblo entero te clavó en la sombra
infinita y austera de la cruz.
Y ese pueblo que gime y que te nombra,
te reclama, triunfante de la muerte,
desde la sombra convertido en luz.
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Despierta libertad
Del libro "En Pos del Rumbo"
Promesa de libertad,
deuda que jamás se salda,
colgadas llevo a la espalda
tu tardanza y mi ansiedad.
Sombra que en la oscuridad
izas velas y te alejas,
a la deriva, mis quejas
hundes en ciegas mareas
y victoriosa recreas
el dominio de las rejas.
El tiempo muerde las horas…
En su ajeno decursar
se pierden en el andar
las noches y las auroras.
Sol que generoso doras
de otras playas las arenas,
en los ríos de mis venas
se quebraron tus reflejos
y en azulados espejos
marchitan mis azucenas.
Tengo las arcas vacías
de tu pan y de tu vino
y vacío está el camino
de estrellas y de utopías.
¿Por qué osada desafías
mi suerte de hambre y de sed?
¿Por qué en intrincada red
de olvidos me has enterrado
y como el Cristo clavado
me desangro en la pared?
Despiértate, libertad,
salta del sueño, navega,
ante mis costas despliega
el rostro de la equidad.
Te espero en la soledad
vistiendo de sol y brisa
sobre esta roca mambisa
tallada a golpes de fuego.
¡Concédeme al fin el riego
vertical de tu sonrisa!
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Y volví a verte…
Del libro "En Pos del Rumbo"
Y volví a verte…
Doncella entre las doncellas,
desde lo alto y a solas
sobre el manto de las olas
perseguida de mis huellas.
Una estampida de estrellas
en las crestas centelleaba,
sentí que se me escapaba
del pecho el ave al volar,
ríos de sal apagar
la luz con que te miraba.
En un viaje de perfiles
te galopeé por la arena
al anca de aquella pena
hincada de espuelas miles.
Mis venas, torvos reptiles,
distorsionadas serpearon,
al tiempo que se encontraron
clavé sobre el mismo leño
la realidad y aquel sueño
que los años no borraron.
Noches huérfanas de aurora
poblaron mis horizontes,
perpetua fuga de montes
que el pincel del sol colora.
Tu suelo do angustia mora
abrió pétalo encendido,
quise arropar el latido
de tu pueblo en mi regazo,
aprisionando en mi abrazo
sólo un grito compartido.
Las brumas en el celaje,
la distancia mediadora
te marchitaron, Señora,
los signos en el paisaje.
Yo te vestí con mi traje
de palma recién parida,
en una lágrima herida
monté tu imagen y luego
me fui, consumiendo el fuego
de mi propia despedida.
Hoy sigo mi paso errante
ensueños sin ley ni brida,
en el alma la mordida,
en el costado tu cante.
No importa quien se levante
a ensombrecer mi quimera,
yo he de ver la primavera
desde el gemir de mi invierno,
distancia , ni tiempo eterno
podrán rendir mi bandera.
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Derechos Humanos
¿Quién dijo derechos?, ¿Derechos humanos?…
Todos los derechos los tiene el tirano.
Nazco y no soy dueño de mí,
soy del amo. Posesión ajena
que cruza este páramo batiendo los vientos
sin pan bajo el brazo.
Enteco, vacío, sin luz ni zapatos.
Soy…un ente viejo
de sólo unos años.
Con el labio inmóvil, los dientes chirriando,
encarcelo el grito que pare el espanto.
Voy…mordiendo espinas,
enterrando el canto, las ansias,
los sueños y este honor que guardo
donde no lo alcancen
sus fúricas manos.
Todos los derechos los tiene el tirano.
No hay derecho al sol…
en eterno ocaso, la luz ensombrece
sus pétalos blancos.
Soy… menos que un hombre,
un mísero esclavo.
Templo sin campanas, pastor sin rebaño
que en su propia hacienda
vive mendigando un voto,
una estrella, un sueño, un hermano.
¿Quién dijo derechos?, ¿Derechos humanos?,
Todos los derechos los tiene el tirano.
¿mi único derecho…Seguir esperando.
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El sombrero cordobés
No me gusta el cordobés
sombrero por ser sombrero.
Me gusta por hechicero,
cómplice de la mujer.
Negro es, sin oropel,
el ala vuelta en un giro,
tejido con un suspiro,
una copla y un clavel.
Posado en frente moruna
un lado en la sombra deja,
como la oscura madeja
que envuelve un rayo de luna.
Del otro, en vuelo ligero,
muestra ente negras guedejas,
el imperio de una ceja
donde relumbra un lucero.
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Elegía a Celia
Celia de Cuba, mujer
de ascendencia universal,
azúcar sobre la sal
del presente y del ayer.
¡Cuánto daría por ver
en vuelo a un ángel mambí!,
un ángel que sobre ti,
rompiendo mortales lazos,
te llevara entre sus brazos
a la tierra de Martí.
Me duele, Celia, que muera
tu alegría de vivir,
me duele verte dormir
en una tierra extranjera;
me duele la primavera
que se quiebra en tu garganta,
el adiós que se agiganta
pregonando nuestro duelo
y saber que no es tu suelo
el que tu sueño amamanta.
El regio sol del Caribe
pintó tus carnes morenas,
en el caudal de tus venas
fluyó la miel de su aljibe.
La palma que circunscribe
los recodos del paisaje,
con el místico lenguaje
de su penacho sonoro
entretejió el canto de oro
de tu voz, en su cordaje.
Mulata de amplia sonrisa,
de tropical carcajada,
anocheció tu mirada
en las ondas de la brisa.
La muerte llegó de prisa
a desangrar la esperanza,
en los filos de su lanza
flota el ansia de regreso
y aquel anhelado beso
de la Patria en lontananza.
Fuiste son en cada esquina
del destierro, la alegría
que en el decursar de un día
se convirtiera en espina.
fuiste, mulata divina,
todo lo que Cuba fue,
flor de tabaco, café
fuego, vibración, promesa
que en cada cubana mesa
pusiera su pan de fe.
Se nos sembraron tus huellas
en las arenas del alma,
cubanas como la palma,
relumbrantes como estrellas.
En las fronteras aquellas
donde el espíritu crece,
rezarás con el que rece
por la tierra y la bandera,
regando la sementera
donde el amor reverdece.
Ya el cielo te abrió las puertas,
ya tienes sitio en la gloria
para esperar la victoria
de las libertades muertas.
Cuando sus alas despiertas
puedan de nuevo volar,
tu voz volverá entonar
el salmo de la alegría,
y abriremos nueva vía
por los senderos del mar.
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San Juan Bautista
Ser que el desierto recrea,
Elías resucitado,
cedro de amor enraizado
en la tierra de Judea.
El rostro de Galilea
se volvió para escucharte,
y tu palabra se parte
como cántaro de luz.
Llevan tus brazos en cruz
de Cristo el mismo estandarte.
La voz del anacoreta
anuncia tu advenimiento,
se va incubando tu aliento
en la imagen del profeta.
En la célica trompeta
suena un nuevo amanecer,
las ondas del rosicler
matizan halo amatista,
“Hombre mayor que el Bautista
no ha nacido de mujer”.
Espíritu levantado
de la carne y de la roca,
el pueblo de Dios invoca
tu fuerza contra el pecado.
Del Tetrarca esclavizado
clamas la gracia del pan,
palomas al vuelo van
anunciando el albo día,
y tu mano a Cristo ungía
con las aguas del Jordán.
“Con agua bautizo, luego
a vuestros predios, aquí,
vendrá quien después de mí
os bautizará con fuego.
Tu voz desatando riego
corrió de justicia en pos:
“Buscad en medio de vos
del Padre al Hijo encarnado,
Ese que quita el pecado
es el Cordero de Dios”.
Amador de la heredad
absoluta del desierto,
te enfrentan a un mundo muerto
sin sol y sin libertad.
Espectro de soledad
en tu pecho se abandona,
el hombre sentencia entona
condenando al inocente,
y tú ciñes en la frente
del suplicio la corona.
Quiebra el hacha la cabeza,
queda fija la mirada
y la Palabra inmolada
desde el yunque se endereza.
Del espacio la grandeza
te envuelve en su mansedumbre,
raudo vuelas a la cumbre
desde el lugar del martirio,
quemándote como el cirio
que ardió para darnos lumbre.
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Siempre eterna
No me busques,
no en los recodos de las cosas muertas,
ni en agonía de luces,
ni en flor que en vasos de estío
aburrida de pétalos se quiebra.
No me busque,
no en el revuelo de las hojas secas,
ni en inviernos, ni en noches,
ni en la postrer esquina de la senda.
Si me quieres hallar…
búscame en lo que vive
en el rocío, en las algas frescas
o en el canto de luz de las auroras.
Búscame allá, donde se crea
el místico arrebol de las corolas.
No tengo edad,
el alma que me alienta,
saltarina de luces y de ondas,
renace al despertar la primavera.
No, no tengo edad
estoy siempre en el preludio de la senda.
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EVELYN RAMPA (Uruguay)
Vuelan mariposas
vuelan mariposas
rodeando mis sueños sin vida...
esperanzas en crisálidas cansadas
que se quiebran
sin medida
para dar paso a aleteos mágicos,
prismáticos,
saliendo de su cuna para
despertar en misterios dormidos...
vuelan mariposas
rodeando horizontes en llamas
arco iris en cielos perdidos,
en imponentes espacios
que van aturdiendo mi mente
trayendo utopías
a mis bosques,
mis playas, mis rocas
y mis zanjas.
Vuelan mariposas
en mis deseos más íntimos
que te sueñan dormido
y me traen palabras
que han silenciado tu almohada,
junto a un único beso
que hoy sienten mis labios,
más que nunca,
y que me deja callada.
Despierto,
sobresaltada,
y la veo brillante frente a mi ventana,
su calor invadiendo mi cuerpo
y mis entrañas.
¿Una estrella gitana?-me pregunto,
y ya la tengo conmigo,
en mi cama...
allí se queda,
dormida,
atraída por mis sueños
que se juntan a los tuyos
en una suerte de paradigma infernal
entremezclado con lagos,
montañas,
fuegos
y mares,
y corremos descalzos
praderas de esmeralda,
y volamos muy alto
cielos de agua marina,
y bailamos en nubes perladas
escuchando el eco
de nuestras musas perdidas
en tinieblas encantadas.
Despierto,
la tomo entre mis manos
y la beso, suavemente,
para mandarla
debajo de tu almohada
para regalarte mis sueños
y compartir contigo
mis esperanzas vacías
que se han quedado sin dueño.
ilusiones truncadas...
Mis mariposas vuelven
a sus crisálidas solitarias
mis estrellas se apagan
callando, para siempre,
sus musas,
su canto nocturno.
Despierto,
decepcionada
ante quimeras inalcanzables,
para encontrarme
frente a mi espejo-reflejo:
¡esa soy yo!
con mis raíces feroces,
antepasados guerreros,
luchadores incansables
de suelos regados
por pasiones en lanzas,
almas atravesadas
por dolores ajenos
pagando un derecho
sagrado
de vivir con locura,
buscando el delirio
como su único techo.
Vuelan mariposas
y devoran mis únicos restos...
masa, entidad y figura
recopìlación innata
de un yo desfigurado,
cansado de buscarse
a sí mismo
dentro de escondites salvajes,
fraccionados,
que se abren lentamente
ante mí.
Vuelan,
alejándose de mis apagadas ruinas
llevando consigo
mi esencia-sustancia,
todo lo que
de una manera equivocada,
fue.
Y me quedo,
en completa soledad,
cenizas vencidas
después de arrebatos ardientes
que consumieron mi vida,
y permitieron
que enfrentara mi propio reflejo.
Esa, sin cadenas,
la que soy yo
¡en libertad!
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Verte Verte...
o simplemente recordarte.
Sentir que mis heridas duelen
sin verse,
profundizando surcos de mi vida.
Aquel fuego que arde,
que penetra,
fuerte,
lacerante,
traicionero,
lentamente...
Verte...
o simplemente recordarte.
Dilema, en fin, sin fin,
de mi vida aprisionada,
de demonios liberados,
de silencios reprimidos,
de sollozos acallados
por tanto tiempo
en mi alma solitaria,
que te buscaba
sin encontrarte.
Verte...
o simplemente recordarte...
Porque hoy te encuentro
sin buscarte,
en cada rincón de mi memoria fértil,
agudizada por una mirada de tus ojos,
aquellos que han regado mi vida,
nuevamente,
con el milagro del amor.
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Si algún día
Si algún día...
Si algún día me asomara
a la ventana de mis días pasados,
vería luces y sombras escondidas
detrás de pilares prestados,
intentando, en vano,
sostener alegrías infundadas
con tanto descaro y dolor.
Sombras,
tragándose luces
que arderían incontrolables
en fuerte espasmo de ironía y color.
Luces,
apagándose en silencio,
llorarían sus cien-veces muerte
con lágrimas de cebo
que cercarían mis memorias
adhiriéndose fuertemente,
en lenta y penosa agonía,
cómplices con mi dolor...
Si algún día,
tan solo por un instante,
se abriera la puerta
del resto de mis días,
¿vería, aunque pequeño,
el resplandor?
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CARLOS REYNA (Argentina)
Soneto a la vida
Cuando la noche inquieta me cante su quimera,
y no arda en mí la llama de alguna vieja herida,
me acostaré en el filo de la doliente espera
y dormiré en el sueño del viaje de partida.
Cuando no suene el eco de la pasada gloria
y ya no quede nada, ni el llanto ni la risa,
me perderé en el canto sutil de mi memoria
y dejaré esta vida con mi mejor sonrisa.
Resurgiré en el cauce de nuevas alegrías
-dejando mi equipaje de viejas agonías-,
sin tiempo ni distancia, sin forma ni envoltura. Y habrán quedado amigos, pasiones y enemigos
-recuerdos y nostalgias que no tendrán testigos-,
en esa vieja ruta de insólita locura.
Buenos Aires, mayo de 1984
(Del libro "23 Poemas de Amor y una Plegaria")
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De la amistad
Ondula más allá de la existencia
en un crujir de muros derribados,
y desafiando olvidos renegados,
le pone al tiempo su inmortal esencia.
No tiene voz ni aroma su presencia
-no se adivinan gestos señalados-,
y sin embargo surgen entregados
infinidad de rostros sin ausencia.
Qué inocultable ciencia incomprendida:
hallar la pena ajena y combatirla
con el sólo poder de recibirla.
Buscar la mano quieta y extendida
y ahogar la sed de días esperados
entre los cuatro brazos entregados.
Buenos Aires, agosto de 1984
(Del libro "Poemas del Segundo Tiempo)
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Soneto a la ausente
(En memoria de mi abuela materna, María Elena Rapela de Bustos Berrondo)
Hoy su tiempo de ser ya se ha cumplido,
como se cumple el signo de la vida,
deshojando en su día de partida
el calendario apenas concluído.
Sin embargo su fruto ha renacido
en madurada savia florecida,
y ni la muerte pudo dar cabida
al canto de su verso enaltecido.
Yo sé que volverá como la aurora,
en cada voz que su silencio implora,
y será en mi jardín enredadera
y en mi balcón eterna primavera...
Volverá, como el sol de la mañana,
a despertar al pie de mi ventana.
Buenos Aires, setiembre de 1996
(Del libro "Poemas Hallados a la Vuelta de una Esquina")
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A mi padre
Se fue en silencio, meditando cielos,
atravesando empeños olvidados.
Y nos legó sus sueños remendados
a fuerza de añoranzas y desvelos.
Trazó su ruta palpitando suelos,
desenterrando ocasos esperados.
Y aunque en tiempo y distancia demorados,
siguió su empeño renovando anhelos.
Y aún en vano su insistencia ciega,
no quiso el tiempo doblegar su mano,
y urgando al viento su afanosa entrega,
se fue una tarde con su sueño arcano.
Con él quedó su inquebrantable vuelo,
y una tarde de invierno halló su cielo.
Buenos Aires, marzo de 2003
(Del libro "Poemas Hallados a la Vuelta de una Esquina") Indice - Inicio
JUAN CARLOS RUIZ BUDRIS (Argentina)
Descalza
Descalza
y escarlata
me regresas
al silencio.
En el ayer de los días
el diluído violeta del adiós
demora un cielo
en el momento
de volverse ausencia.
Sin ojos para lágrimas
desgarro en los relojes
esa blanca demencia
de esperarte en la luna.
Esa desolada belleza
que la muerte soñaba
en la otra orilla de mi sangre.
Lo sabía el deseo
que en el altar de las quimeras
se inmolaban los besos.
Que a su sombra
se inmolaba una magnolia
húmeda
en la mortaja de las horas.
Prisionera de su levedad
la desnudez de la espera
subía a deshojarse
en un helado sollozo.
El cielo va en los trenes
a intervalos de nubes
que semejan cabellos de Beethoven.
En el vino
un arrebol devuelve espejos
donde el ayer se repite
como el mismo río
donde mi barca carpintera
aún te sueña
descalza y escarlata
buscando en las espumas
lo que fuimos ayer. Indice - Inicio
WILLIAM H. GONZÁLEZ C. (México)
Como blanca nube
¡Quiero pasar como la nube pasa!
¡Quiero llegar donde la nube llega!
¡Quiero estallar como la nube estalla
para regar como la nube riega!
Si como blanca nube peregrina,
en ciclo eterno mi soñar pudiera,
transmutarme en las gotas de rocío,
que en la alborada la montaña besa.
Si en algodón ajado convertido,
me tejiera el fulgor de las estrellas
y posara sereno en los ocasos,
en rebaño encarnado confundido.
Si luciera esmeralda en el océano
y morara en el lecho de la niebla
y el hemiciclo de mi vida breve
trocado en arco iris,
muriera gota a gota en el espacio.
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Hacia el lecho del alba
¡Qué tristes nos sentimos alma mía!
cómo nos hiere el árbol en el llano,
la raquítica milpa
y los hombres llorando,
maldiciendo la vida.
Pero al surgir el sol
sobre la cumbre
la tristeza se olvida
y diáfana y radiante
ante la espléndida alborada vibras.
Quieres llegar de un salto
al horizonte
cruzando la neblina
y deshacerte en lluvia de colores.
Quieres volar en el espacio virgen
con simétricos giros
y salpicar la tierra con diamantes
cual si fuera rocío,
pero las alas que te ha dado el cielo
no soportan el peso de mi cuerpo
y cristalizarás tus ilusiones
hasta que me halle muerto.
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Desvanecida la fugaz euforia
retorna la tristeza y los lamentos,
(en tanto el implacable sol
nos quema)
(desde el centro del cielo)
Vuelve a herirnos
el sufrimiento ajeno.
¡Qué hacemos alma mía!
busquemos una sombra
y reposemos.
Acuérdate que somos impotentes
frente al hambre del pueblo.
Llegando la frescura de la noche
volverán nuestros sueños.
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Mi nueva musa
Los años han pasado
y ya no me lastima tu recuerdo,
nuevos anhelos en mi vida
surgen
Te perdiste en el tiempo
y ahora seré cautivo
de otros ojos
y otro cuerpo
¡Cuanta pasión atesoró mi alma!
¡cuántos celos!
¡cuántas noches de insomnio!
¡cuánta angustia!
¡cuántos sentidos
y amorosos versos!
Pero todo termina
y cansado de amarte
inútilmente,
llegó el día
en que sereno me sentí sin verte
y en que otro amor,
que me recuerda el tuyo,
(si lo hubiera tenido)
vino a verme.
Sé que no voy a herirte
si te cuento
sobre lo que mi nueva musa
tiene.
Un rostro tan hermoso
como el tuyo
y como el tuyo
un cuerpo delicioso.
Sus manos son
como tus breves manos
su sonrisa recuerda
tu sonrisa
y su cabello negro,
también entre mis dedos
se desliza.
¡Si me hubieras querido
como tanto anhelé
que me quisieras!
ella podría ser tú
o tú, ella.
Ahora el recuerdo de tu amor
se esfuma
y lo que ya no pudo ser
se aleja.
lo que no fue
ya no podrá ser nunca
aunque jurando amor,
me lo pidieras.
Y es que mi nueva musa
me abrasa el corazón
cuando me besa
y sus manos se enredan con las mías
y tiembla de pasión
cuando me espera.
Si me hubieras querido
como tanto anhelé
que me quisieras:
ella podría ser tú
y tú, ella.
Te perdiste en el tiempo
vida mía
y una etapa concluye
y otra pletórica de amor
empieza.
En la última página
del libro
de versos inspirados
por mi pena
de que no fuiste
lo que hubieras sido,
inserta este poema.
Medio es tuyo
porque no me amaste,
medio de ella,
porque me ama mucho.
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Instantes de luz
Oro filtrándose por mi ventana.
Luz en las flores de las buganvilias.
Rebosando en verde, las frondosas tulias.
Diamantes en la punta de las hojas
y tallos espinosos que se mecen
vencidos por el peso de las rosas.
Escapa tu figura de mi mente
y se va a retozar entre la fronda
y tu desnudo cuerpo,
entre los claros de las ramas surge.
Indice - Inicio
Las heladas de invierno
Las heladas de invierno
acentuaron los surcos de la cara
y escapó la humedad de los tejidos.
Medusa fui dentro del tibio vientre,
pronto seré coral fuera del agua.
En tanto el tiempo vierte
su infinito caudal sobre la vida
y en chispa de la chispa le convierte,
dudo si soy o he sido
y si es cierto el ayer,
el hoy y el siempre.
Verdugo catabólico, ¡arremete!
que si nada es la vida ante el espacio,
nada tampoco debe ser la muerte.
Acabarás la fuerza de mi cuerpo,
pero no de mi mente
porque mora en las nubes
y en el viento y se queda su cúmulo
en el tiempo
y en el espacio eterno.
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Las nubes
Absorto contemplaba
las nubes desplazándose en el viento
las nubes eran grises, eran blancas
y otras gris, casi negro.
También algunas nubes sonrosadas,
surgieron a lo lejos
porque la luz del sol agonizaba
en la meta del cielo.
Viajaban hacia oriente,
lo recuerdo.
Las grises, las rosadas y las blancas,
con el viento se fueron.
Las nubes casi negras, se quedaron
compadeciendo mi jardín sediento
y desgajándose relampagueantes,
generosas cayeron.
Indice - Inicio
Caricias tan sutiles
Caricias tan sutiles
puede darlas
la suavidad del viento
cuando mece,
las más frágiles ramas.
¡No le acaricié nunca!
te dirás extrañada,
y es que ignoras,
que tu sola existencia,
es hermosa caricia
mil veces regalada.
Acarician tus ojos,
tu talento,
caricia es tu color, tu piel,
tu acento.
Todo acaricia en ti
y si en ti pienso,
acaricias también
mi pensamiento:
suavemente
como acaricia el agua,
suavemente
como acaricia el viento.
y aunque nunca tus manos
y las mías
entrelacen sus dedos
y roce mi mejilla
tu mejilla,
sentiré las caricias
voluptuosas,
que me da tu recuerdo.
Tu recuerdo alma mía
que acaricia y lastima.
¿Por qué me tienes tú?
Yo, no te tengo.
¡Vives radiante!
Yo, de amor me muero.
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En la playa
Antes de que el sol caiga
en el océano
quiero verte en la playa.
¡Figura desolada
que amo tanto!
¿Cuántas veces
perdida en lontananza,
sin que te dieras cuenta,
te he mirado?
Algo poético
tu alma encierra,
tu alma tan sencilla
como el viento
y es que el viento,
es poesía
y tú, el poema
dentro de mi pecho.
¿Dónde estaremos
cuando pase el tiempo?
¡Polvo de estrella!
Cayendo el sol,
¿pensaste en un deseo?
Ven a mis brazos
que la bruma es fría
y se ha perdido el cielo.
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En espera
No sé si llegará, pero si llega,
al arribo feliz que tanto espero
terminará por fin mi larga espera
y volverá a correr en mis arterias,
sangre nueva.
No importa que el otoño
esté dorando
las verdes hojas
de la primavera.
A su llegada brotarán renuevos
para nueva cosecha
y brotará del corazón ardiente,
nuevos poemas.
Hay un ramo de rosas
que ya quieren
acariciar sus manos
y una hoguera de leña perfumada
crepitando.
Hay arrebol en las rizadas nubes
y la lluvia ha cesado,
diáfanas gotas
sobre los cristales,
van resbalando.
Hay olor fresco de hierba mojada
y pájaros trinando
un cuadro de José Mª Velasco
y el “Vals Capricho”
de Ricardo Castro.
Todo la está esperando.
Tengo abierta la reja
y me parece oír
sus breves pasos.
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Canción de amor
Voy a llevar mi amor al infinito
a la región del sueño de los sueños,
donde se vuelven realidad los mitos,
donde moran los muertos.
Voy a llorar tu ausencia
y si me toca de morada el cielo
verás mis lágrimas en el rocío,
de las flores del huerto.
Quieres venir conmigo
y yo no quiero.
¡Tienes que seguir viva
para que nuestro amor siga viviendo!
Volveremos a vernos amor mío,
cuando vuelva a formarse el universo.
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Llevar el pensamiento
Llevar el pensamiento
a los albores de la vida breve
donde transcurrió el tiempo
aparentando hacerlo lentamente..
Asir las ilusiones
y llevarlas al sueño reflejadas
en cuentas de colores
que guardaré debajo de la almohada.
Despertar en la nada,
sin el aliento de la fantasía.
Deseando del amor una migaja
Y una gota de vida.
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El aroma de cedro
No todo se ha perdido,
queda el cedro
resistiendo el flagelo
del invierno.
Quedan los esqueletos
de las hojas,
que jóvenes lucieron.
Queda el crujir,
bajo mi paso incierto,
de sus frágiles huesos
que verdes y lozanas
nervaduras,
una vez fueron.
Ya no veré brotar
las nuevas frondas,
cuando renazcan
estaré muy lejos
y crujirá mi cuerpo
cual las hojas,
cuando me pise el tiempo.
Sólo percibiré desde
las sombras,
el aroma de cedro.
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De improviso vendrás
No llegaras cuando te esté esperando.
De improviso vendrás
oculta en la neblina del camino,
y golpearás mi cuerpo
para marcar el fin de mi destino.
Para entonces, absorto,
sin poder retener el aire frío,
esperaré paciente que los pájaros
saturen la mañana con sus trinos.
De soledad el alma lacerada
percibirá un alivio.
Tal vez alcance a ver el sol
y me ciegue su brillo.
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Instante de luz
Oro filtrándose por mi ventana.
Luz en las flores de las bugambilias
Rebosando en verde, las frondosas tulias.
Diamantes en la punta de las hojas
y tallos espinosos que se mecen
vencidos por el peso de las rosas.
Escapa tu figura de mi mente
y se va a retozar entre la fronda
y tu desnudo cuerpo,
entre los claros de las ramas surge.
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Los sueños de la vida
Los sueños de la vida
terminan con el triunfo y el fracaso,
la luz de las auroras
y el canto de los gallos.
Los sueños, alma mía,
son los años,
se muere el alba cuando llega el día
y la noche devora los ocasos.
Aun cuando es infinito,
el tiempo es breve
y en su precipitado paso, nuestra vida,
como sueño se pierde.
De mi existencia el sueño se termina
y en el tiempo mi ser se desvanece
porque mi plazo expira.
¡Sólo tú, alma mía!
una vez que termine mi agonía
disfrutarás del sueño eternamente.
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