| JAVIER MARDEL (México)
Descompostura poética
"Mientras tomo una taza de café
repaso los poemas que he escrito.
¡Cuánta confusión! ¡Cuántas palabras perdidas!"
Oscar Oliva
I.
¡Cuánto estúpido vocablo!
¡Cuánta imbécil elocuencia!
¡Cuán banal la consecuencia
y certeza de lo que hablo!
¡Cuán endeble es el enlace
entre frase y frase! Tal
es el verbo que, al final,
conjugado se deshace.
Tan inútil, el idioma
nada vale que retumbe
en retórica; sucumbe
azolvado en cada coma.
Y las líneas donde junto
panegíricos dispersos
sólo rinden nimios versos
hacinados tras un punto.
II.
¿Dónde, Musa, te entretienes en ausencias?
¿Qué te ocupa?
¿Qué te impide aparecer?
¿Por qué no vienes?
¿Qué inhumano sortilegio
dictamina cuanto faltas a mi queja;
cuanto sobro de materia dolorida
frente a ti que, sobre todo,
me eres nada?
¿Cómo voy a protegerme de mis miedos?
¿Cómo voy a me olvidar que estoy por dentro,
a relámpagos infaustos de suspiros paralíticos, muriendo?
III.
La luna se suspende esplendorosa
a media oscuridad, y alumbra tanto
que el alba se demora ante su encanto
y el alma, tras los párpados, rebosa.
La esencia, las espinas y la rosa
aún son la pectide de mi canto;
la lírica, remanso de mi llanto...
¿Por qué de mí te apartas recelosa?
Apiádate de mí siquiera un poco.
¿No ves con cuánta urgencia te convoco?
Mis ojos, extraviados en la sombra,
mendigan la metáfora tardía
que nombre este vacío que te nombra,
a falta de ti misma, Poesía.
IV.
No queda más...
Residuo del último suspiro,
la voz me desconoce;
cumple con el acuerdo que tenemos
pero ya no alcanza
más allá de mis labios.
Siquiera hubiera
lamento cobarde
agazapado en el aire...
Siquiera fuera la pena
un anuncio de nuevo dolor...
Siquiera la vida entera
bastara para abrirle paso
al siguiente instante...
Siquiera tú...
(¿Tú quién?)
V.
Aquí yacen, demacradas, las ateridas flores que he dejado a los pies de tu
altar. Simples y huérfanas, como estrellas olvidadas por la noche, mis
palabras quedarán, a la vera del tiempo, en constancia del vano
instrumento que supe ser desamparado por ti.
Esto no es poesía.
Esto únicamente es un rosario de latidos inertes, cuentas engarzadas en el
hilo de un momento eternamente uno... Helas aquí.
He puesto las palabras
Ahora ven
y haz el poema.
Indice - Inicio
Eres mar
Eres mar,
porque mar es tu cuerpo
que se finge de carne
para ahogar en mareas de besos,
besos hondos,
salinos y largos,
en oleajes que van, como ciegos,
al principio infinito
de las ansias de sal digitales.
Eres mar,
en las rocas heridas
por los golpes de amor de tus aguas,
de las olas en olas,
de los labios en labios,
de la playa que invades
alardeando de ti, de saberte,
de tenerte teniéndome todo,
cuando pones tu tacto
tan lejano a la ausencia que sabes,
cuando me eres exceso,
cuando soy en lo que eres,
cuando me amas a amares
y simulas ser mía
mientras yo,
yo que apenas tu orilla consigo,
sólo puedo tocarte
como beso de arena,
como fin de tu piel,
como amor,
como espuma...
Indice - Inicio
Soneto del ocio
El ocio es un derecho elemental.
Estar es ser, y Dios, que lo sabía,
estuvo y fue en el más distante día
haciendo de la luz un uso igual.
La espuma, ¿no es el ocio de la sal
del mar? ¿No lo es del alma la alegría?
¿Desértico lugar no es la poesía
donde una flor deduce un manantial?
Ya Byron en sus horas de vacía
tarea ante la inercia se rendía...
Hayamos de morir del mismo mal
o hallemos de la vida la valía,
estamos en el Tiempo todavía
y somos un instante -¿Pero cuál?
Indice - Inicio
Ave Poesía
Dios te salve, Poesía.
Llena eres de noche.
Mi dolor es contigo.
Sencilla tú eres entre todos los silencios
y sencillo es el fruto de tu verso:
el amor
Eterna Poesía, hija del mar,
habla, Nocturna,
por nosotros los desvelados
ahora
y en la hora de nuestro olvido.
Amén.
Indice - Inicio
La transfiguración infalible
Sólo he visto mi ayer hacia el pasado;
en el niño que fui, viniendo a ser
el que busca la imagen de su ayer
desde el hombre en sus ojos confinado.
Soy, y sé claramente aquella cosa
anterior que he sabido. La mañana
de una fecha inmutable ya lejana
y el embrujo de la primera rosa.
Sólo en él, ese niño que hoy me mira
como a un ser ajeno, me vislumbra
el que soy, y que aún no se acostumbra
a volver a un recuerdo sin mentira.
Ambos cumplen ahora mi memoria.
Pero, ¿quién es, en este ambiguo espejo,
el que dicta mi voz y quién, perplejo,
va escribiendo el silencio de mi historia?
Fui quien soy, pero soy quien fui, sin duda.
¿Quién será, de los dos, quien me pronuncie
en el nombre del nombre que lo anuncie,
cuando el otro que aún no soy acuda?
¿Quién será, cuando el otro yo me vuelva,
el lector de su ayer en mi presente?
¿Quién, con una escritura diferente,
logrará que la mía se disuelva?
¿Quién dirá quién a quién dirá haber sido
quien dictó y escribió y leyó...? ¿Y a quién
tocará, para mal o para bien,
ser el único dueño de su olvido?
Indice - Inicio
Olvido (al cuadrado)
Ha regresado el olvido.
Todavía recuerdo qué recuerdo
habituaba llenarme los insomnios,
cuál de todas las noches
desplegó la más crítica nostalgia
a lo largo del frío y el silencio.
Aún perdura el eco de esa frase
cuya insana intención jamás previó mi desengaño,
la bondad distraída de esos ojos
en los que naufragaron tantos versos para siempre,
las letras de ese nombre abaratado
por la turbia obstinación de no decirlo,
las montañas, los rostros y los años
que se alzan y amontonan entre entonces y ahora
como miles de eternos horizontes,
como abruptos ejércitos de fechas
que ganan día a día la batalla.
Entonces recordaba exactamente
cada rincón de la ciudad ungido por su sombra,
cada maniobra de su voz en el circuito de mis sueños,
cada ardiente marea, cada nota
en el hondo concierto que sus miembros ofrecían a los míos.
Ahora de su piel me quedan sólo las palabras,
toda su descripción se ha reducido a simples adjetivos,
su existencia es la pira en que calcino conjeturas
y su rostro, ficticio y transparente,
únicamente cumple la ominosa vacuidad de mi memoria.
Al menos las mañanas ahogaran las raíces,
al menos el silencio borrará de mi boca
la humedad abrasante de su nombre
y pudiera el vacío, la distancia acumulada,
llenar la grieta inmensa que su ausencia me causó tan puramente.
Al menos se apagarán mis latidos
en este pecho suyo en cuya escena ya no actúa,
al menos una carta me informará de su huída
hacia un lugar lejano en donde nunca habrán mis ansias de alcanzarla,
y lograrán mis súplicas restantes refugiarse en otras artes
y este grito dejará de enredarse en mi silencio
y pudieran los días continuar mi deterioro
y pudiera yo mismo recordar que no recuerdo
y creer otra vez en lo que siempre he descreído
y morir nuevamente de lo que jamás he muerto
y acabar de acabar
y admitir lo perdido
y volver a olvidar lo ya olvidado.
Indice - Inicio
El espejo
(La Luna)
I
Te hubieras visto anoche, Santa Luna,
cuando eras toda luna todavía,
verídica de tanta fantasía
cifrando lunas múltiples en una.
Ilógica, inusual -como ninguna
después- tu palidez resplandecía.
Te hubieras visto. ¡Cuánta alevosía
viciando de esplendor la esfera bruna!
Te hubieras visto mágica y serena
anoche que te vi ser luna llena
de ti, de mí, de noche, de momento.
Te hubieras visto anoche... Parecías
igual a mi dolor de aquellos días,
cuando eras tú mi luz, y yo tu aliento.
II
Cuando eras tú mi luz, y yo tu aliento,
igual a mi dolor de aquellos días,
te hubieras visto anoche. Parecías
de ti, de mí, de noche, de momento.
Anoche que te vi ser luna llena,
te hubieras visto mágica y serena
viciando de esplendor la esfera bruna.
Te hubieras visto. ¡Cuánta alevosía
después! Tu palidez resplandecía,
ilógica, inusual -como ninguna-,
cifrando lunas múltiples en una.
Verídica de tanta fantasía,
cuando eras toda luna todavía,
te hubieras visto anoche, Santa Luna.
Del libro "Los Fantasmas" (Ed. Dos Líneas, México, 2005)
Indice - Inicio
Cariátide
Esa,
la de la esquina púrpura,
no podía ser una mujer.
Tenía las piernas congeladas,
duras,
como si sangraran aire,
como si fueran invulnerables
al lamento de los niños
y a las heridas de las palabras.
Parecía estar dormida...
(Pero los fantasmas no duermen.)
Parecía querer amar,
amar a alguien o a algo...
(Pero ya nadie sabe de esas cosas.)
Parecía una mujer,
y hasta era ciega y venenosa
como una mujer....
(Pero las mujeres tienen antídoto.)
Esa,
la de ojos color marihuana,
la de alas de relámpago
y navajas en vez de labios,
llevaba en el bolso
los mejores silencios que he escuchado,
las más graves ilusiones que he tenido.
Si mi corazón no fuera parapléjico,
le hubiera amado incompasivamente...
(Pero nos hubiera estorbado.)
Por eso perdí la memoria
y dejé que me dejara después de dejarme
el alma pintarrajeada de labial
y la voz
humedecida por el jugo de su muslos.
Esa,
la que me mató hacia fuera,
calló la noche en todos los idiomas
y modeló la arcilla de la gloria en mis propias manos,
mientras yo ascendía
a sus senos victoriosos
mamando soledad.
Del libro "Los Fantasmas" (Ed. Dos Líneas, México, 2005)
Indice - Inicio
Sombrío
De aquel lado del silencio
está la lista de suicidios de mañana,
el hígado de un tango con cirrosis,
la lucerna de diamante
que quiere escapar del techo
y no sabe la dirección de los deseos,
una gorgona
ofrece violentamente sus senos
en el cruce de Avenida Dos y Media
(pero ya no tiene poder para petrificar los ojos del sonámbulo),
la última generación de monstruos
se ha recibido de ángeles maniáticos,
una larva mecánica pasea
por las arterias sin color de la ciudad
y entre borrosos ladridos
un hombre le besa las rodillas
a su muerte azul de once años.
De aquel lado del silencio
alas de aves sin nido
cuelgan de los tendederos,
alguien fornica con su soledad
en el cuerpo de su santo en turno,
las mariposas incuban sus humores
en la astrología de su diario íntimo
y pareciera que la vida
es una cosa que se fuma
a espaldas de Dios.
De aquel lado
Santa Claus cambia por unos tenis
su libreta de direcciones,
la hora de ir a la escuela
está a cinco minutos de pasar a otra mano,
un corazón busca
la madriza definitiva y redentora,
una mujer de azúcar
se lame las heridas
y un paso
nunca se da.
..De este lado del silencio
alguien cuenta las sílabas de un verso
y nadie,
nadie,
se enterará jamás.
Del libro "Los Fantasmas" (Ed. Dos Líneas, México, 2005)
Indice - Inicio
PASTOR JOSÉ AGUIAR (Cuba)
Cuatro décimas fértiles para tu seno
Yo te encuentro en la figura
de la música, en el vino
en la fiebre del camino
que se angosta en la espesura
en la aparente lisura
del cristal cuando retoma
pausas de mundo, en la loma
que resta monotonías
al horizonte, a los días
y al rumbo de la paloma.
Y abundas como clarines
en cada trino, en la fuente
en el beso de repente
y el hueso de los jazmines
Aromas en los confines
la dimensión amorosa
que recita en vaporosa
aurora tu verso claro
eco, simiente y disparo
revelador de una Diosa.
Te hallo crecida en ramas
en las arcas del abrazo
cuando tus ojos acaso
como si fueran de llamas
en cada asunto que amas
desgranan fiesta, dulzura
que en tus labios de miel pura
surten efecto de mito
como sabor de infinito
renaciéndome en la altura.
De tal suerte no hay tesoro
mayor que tenerte en mí
voluntad de colibrí
humana esencia del oro.
Que si en rimas te enamoro
de arboladura sencilla
son vocación de semilla
para tu seno en barbecho
lado Norte de mi pecho
tu surco de maravilla.
Indice - Inicio
DANIEL ALEJANDRO GÓMEZ (Argentina)
Cuando los prados
Cuando los prados
se visten con la luz del alba;
cuando la espuma del mar,
se muere sobre las orillas;
y los árboles conquistan el cielo
en la gris derrota de las nubes;
y en los caducos labios de la luna
se ha prendido el oro
de un beso de sol.
Las plazas, avenidas, fuentes,
las ciudadanas cuadrículas,
tienen entonces esos vagidos de belleza.
Ello sucede también, sí, en los oxígenos
mestizos, en la reglada suciedad
de crepúsculos escuetos. Morada
ventana de un bar que reluce sus otoños.
En las piedras nocturnas
de plazas escritas en cincel.
En las mañanas de brillos lacónicos-
el estricto dosaje de una luz presidiaria-.
El azúcar que abraza la humildad del café,
el sencillo goce de las luces eléctricas
flotando en la fuente estatuaria.
Pero no es suficiente.
A lo lejos, el campo acerca sus dedos
cargados de arco iris; su labio
empapado de apetitos vinosos;
sus ojos que exhalan
inmáculos pulimentos solares.
Todo ello sobre la ciudad:
Sobre el café de cada mañana,
el periódico de chismorreosas tipografías,
en el sucio centelleo de las monedas
que circulan
como la sangre de nuestras venas.
En el ébano industrioso del cielo;
bajo el cual soñamos seguir nuestros sueños,
despertar de lo que despertamos a medias.
A lo lejos, en los prados.
En los pájaros, en las forestas, flores,
abejas, ciervos. en la osadumbre nudosa
de los catedralicios boscajes de los árboles,
aún hay todavía ciudadanos,
y acaso una verdadera ciudad.
Indice - Inicio |