Indice
ANDRÉ CRUCHAGA
Pájaro en el tiempo
Imágenes urgidas
Lloro por este día
Agenda del abismo
Mi locura
Formas de la duda
Haberes
Vértigo
Noche del día
Callejón sin salida
Elegía quinta
Elegía sexta
Al poeta Rolando Elías, in memoriam

HÉCTOR PIMENTEL
Pasa el poema
Nocturno
Huellas

JOSÉ MANUEL OLIVEROS
Sin sospecharlo
Cercanos al carburo
Espera
Se va la tarde

 

 

ANDRÉ CRUCHAGA (El Salvador)

Pájaro en el tiempo

"Encerradas en un invernadero
bajo el cristal, las flores olvidan
que la luz existe
y cómo temblaban bajo el rocío
¡Como huelen las alas del tiempo!"

Constantin Cavafis


Acaso porque soy huésped
De lacustres imposibles,
De vuelos insondables,
O de aventuras ciegas.
Acaso, también, porque soy testigo,
De fuegos que juegan con barajas
Para avivar la semilla de los sueños.

Este reino se viste de musgo y azogue.

Sus dientes son más oscuros
      Que la ceniza
Y el sino del hambre,
Más pequeños que este pequeño
      País
Encanecido por tanta audacia
      Y equívocos.
Después de todo,
Tal vez la memoria, abierta al futuro,
Recuerde las varietés
Del camello pasando
Por el ojo de una aguja,
O el espejo ciego copiando la noche
      Y la profunda sal
De los dones del misterio.

¡Huele el tiempo a sonidos!

Residuos de esqueletos
Desagües espumosos como cárceles
Alas que golpean los poros
Vegetación que despierta
      Con excrementos
Huellas desafiantes
Mar de hormigas
Absurdas latas de combustible
Comiéndose el cuello de los días.

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Imágenes urgidas

Han pasado los años
Se siente el estiaje
De los mares sobre la espuma
De esas aguas idas
Sombras en las páginas de la piel
Imágenes urgidas
Varadas en el muelle de los labios
Sin decirse
      Sin pronunciarse
Siempre de regreso
Como pedazos de papel
      En el invierno
De la medianoche

Pasan también los días
Abriendo viejas heridas
Y oyendo caer
El esqueleto de múltiples relojes

Gritan los fantasmas
Agarrados del sombrero
      De las estrellas
Orina la luna de reojo
      Las calles
Donde habita lo póstumo
Y los domingos muerden el bolsillo
Como los ojos que cuelgan
      Del cielo
            Como relámpagos

Pasan las horas
Con su ataúd de humo
Y jaulas con las mandíbulas
      Tiesas de los cuerpos:
Ácidas pupilas
Mejillas ya sin gritos
Vértebras soportando las agujas
      De la patria
      De la historia
Siglo de noche con jinetes
      Agrietados
Y armaduras que sangran
En cada galope
Donde el mal incuba
      Y castra ilusiones

Bailan en la sangre los espíritus
Ahogan sus gestos
      En los ciervos
Los ríos chorrean pájaros muertos
Días sin orgullo
Donde el luto
Siembra cometa de cauces
Y las sombras resplandecen
Como un "bosque azul"

Los minutos entretanto
Cantan a capella
El do re mi
      Contra un follaje de moscas.

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Lloro por este día

"Agonía, agonía, sueño, fermento y sueño.
Éste es el mundo, amigo, agonía, agonía."

Federico Garcia Lorca

Lloro por el hambre
Que broncea como el sol

Lloro por los niños
      Que defecan sin pañales
Lloro por la mujer que saca
Sus pechos sin ningún pudor
Y muestra su hilo dental
Para veranear un horizonte
Con palabras obscenas

Lloro por el agua que emigra
Por los pájaros sin alas
Que pierden su patria aérea

Lloro por los huérfanos

Lloro por la muerte que pulula
      Todos los días
Con banderas de victoria ciudadana

Lloro por la vida que se vive
      Entre lanzas
Lloro por los que no vencieron
      A la muerte
Y viven en jaulas anónimas
Lloro por los caminos que lloran

Lloro por la vida de rodillas

Lloro por la guitarra rota
      De la violencia
Lloro por la herida que llevo dentro
Lloro por la locura de estar cuerdo
      Herido
            Roto
                  Perseguido
                        Anónimo
Entre el rostro de la arena
O Las piedras
Respirando sin zapatos
Sin techo
      Ni día
Sólo noche
Estocadas del hambre
Entre hojas sordas y mudas

Lloro por los santos de la santa iglesia
Por las manos que ganaron
      La ofrenda
Pensando en el sueño
De multiplicar los panes

Lloro porque todavía somos esclavos
Y nos conformamos con desabrochar
El sufrimiento sin vencerlo

Lloro por los condenados
      A la pobreza
Por los poderosos que se publicitan
Todos los días en los periódicos
Y no tiran a la calle
El pan soñado
      El juguete soñado
            Ni las sobras.

Lloro por los que desatan el llanto
Y compran el silencio
Lloro por los victimarios que son
      Muchos
Y se beben la sangre como inmortales
Lloro por ese sueño de creer todavía
Que estoy vivo
      Suspirando sombras
      Soñolientas cartas
      Pronunciando nombres
Rasguñando el túnel de la vida

Llorar a veces nos salva
De ese río macabro de sentirnos vivos.

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Agenda del abismo

Tiempo de canto
      Sin canto
            Ni soñado
Con brío de fuego
      Sin luna
Más que la marea aturdida
Del crujir de la tierra

Tan lejos de la vida
Y tan cerca de la sal de las heridas
      Sin respuestas
Más que los huesos fríos
      En los labios del viento

En el fin de los tiempos las palabras

      Lentamente caen
      Ecos de desvelo
      La ola en el mar altisonante
Noche incierta
Sorda
Sombra del azar
Sed de sombras muertas
Heridas de ceniza
      Sobre el bien
      Sobre el mal
Sobre la indiferencia

Después de todo
      Cementerio de las semillas
Cruz llorando en las pupilas
      Delirios de encono
La misma sangre
La mordaza de la bruma
La tripulación de los sueños del hombre
La sal perenne de los eclipses
La sombra de los dioses
      En oscuros espejos

Vacío el vacío del tiempo
Oscuridad de principio a fin
Siega nocturna de pájaros
El brebaje de la muerte

      En el rocío
      Eco del cierzo
Medida solitaria del deseo

      Por la memoria
Que rastrea las cenizas
Y nos concede las esferas del martirio

      Hueco instrumento

Donde empiezan los errantes agujeros
      De los acantilados

Hoguera que nos deja
Una tranquilidad vacía
De metal enmascarado

Hay mármol perplejo de la luna
Alambique petrificado
En el sigilo de rugosas telarañas
      Sueño que no ve
-escoria de mariposas
      Por el fermento del terror-
Sino en las lenguas del cieno
Donde los ojos sin orbitas
      Devoran ansiosos candelabros.

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Mi locura

Mejor una jungla en la cabeza
Que hormigón sin raíces.
Mejor sentirse perplejo
Ante la tortuosa calle de las luciérnagas.

Derek Walcott

Entre el aire que descalza
      A los pájaros
La vida y la muerte
      Cosas de fondo
El fondo de Dios que adivina
      El tapiz de los abismos
            Sin pensarlo
Hombre a ciegas
Ave migratoria haciendo toboganes
      Hacia abajo
            Hacia arriba
Lo mismo que el horizonte
Sin nadie en las huellas
      De sus manos

Claridad en el centro de dos ausencias
Espacios espectrales que no ve el ojo

La vida en su funda
      La noche en su mortaja
Ambas olvidadas
      Por la bruma

Todo forma el íntimo sueño
Amarrado en el bolsillo
      En los hilos
            De las cejas
O en el camino que recorren los recuerdos
Cuando el asombro
            Se arquea
                  Cansado de vivir

Esta bruma de jabón en el aire
Que de repente derrocha
Burbujas en el rostro
Luego cae al hueco de la noche
Donde sólo hay mesas sin sillas

      Muelles sin barcos
      Días inexistentes

A veces uno se quiere palpar

      Saltan los escalofríos

Uno es depósito ajeno
      Reflejo de algo
            De sombras errantes
            De islas
            De regresos
De cuerpos que juegan a ser ellos
      No sé si de Dios

Uno es el otro
      La otra versión del ausente
Tul del agua que se filtra
Como si estuviera vivo
      Entre las desnudas
            Ramas del aire

Alguna vez nos lanzamos
      Al juego súbito del olvido
Y nos tatuamos la piel
      Con los pinceles del aire

Nos duele el tiempo
Los espasmos de elefante de sus pisadas
Las piedras que nos exceden
El soliloquio con Dios
      Pensamos en caminar
El camino está siempre
      Al borde del vacío
Dibujado por el pensamiento

El camino es ese fuego
      Calcinado
Que sueña el olvido.

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Del libro: TRANSPARENCIA ESPERADA
Formas de la duda

A veces todo es noche
      Abismo
      Oscuros círculos
Relojes desconcertantes
Noches sin más límites
      Que las ventanas
Calles donde pasa la brisa
      Crujiendo entre los brazos
A veces pasa el silencio
      Con su acústica de vidrio
La oscuridad estática
      Absoluta
      Final
El cuerpo muriendo
      Amontonando su cansancio
Abriendo el cuerpo de los grises
      Evaporándose la luz
Disecando el sudor
      En las alforjas de Dios
Para conquistar mendrugos
      De sosiego
O decapitar recuerdos
      Que al fin terminan
Siendo piedras
      Cuchillos
      Lanzas
O simples cerrojos
      De semanas procreadas
Por el viento

A veces la vida se hace páramos
      Grito descarnado en el azogue
            De los astros
Un espacio sin párpados
      Donde se cuela
            El infinito

A veces la memoria calla
      Como los mausoleos
            Sin itinerario
Vela orugas y retablos
      Abre polvo.

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Haberes

"Es como si estuviera en medio de una niebla espesa".

José Saramago: Ensayo sobre la ceguera

Hay historias para no contarse nunca
Hay encuentros al final de un túnel
Miedos
      Vacíos
            Golpes
Papeles
      sonrisas obtusas
Hay lenguas reducidas a astillas
      Días encapuchados
Hay días que pasan como trenes
      Dejando sólo una estela
      Humo
            Amontonado sobre rieles
Hay tiempos en que el sueño
      Sólo tiene lugar en las postales
            En las caravanas
En las ofrendas patrióticas
      En la bandera nacional
Hay asilos para cementerios
Y fotógrafos para la última hora
      Hay ventanas lentas
Como moscas sorbiendo
      El aire de los sueños
Hay paciencias con caries en la memoria
Ecos prehistóricos respirando
      Silencios fatuos
Insectos de papel reptando en el sol
Hay sábanas como rejas
      Vacíos que succionan la sangre
Hay manos en la plaza
      Y ojos y sueños y esqueletos
Que el viento dispersa como polvo
Hay puertas sin destino y no llevan a ninguno
Hay vitrinas y vidrios y vidas
      Sin idioma
Piedras silenciosas
Hay círculos donde se aprenden
      Las partituras de medianoche
Y aguas tornando en ceniza los sueños
Hay noches sucesivas con ventanas ciegas
      Flores oscuras
Esperando en el balcón de la Esperanza
Hay pájaros sin alas
Y sin embargo esperan que amanezca
Hay balcones y olvidos
      Llaves enterradas
Cunas desvencijadas
Hay sombras en la puerta
      Con un alud de mariposas muertas
Y una espesa niebla de espadas.

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Vértigo

A menudo me toca jugar
      Con la soledad o el olvido
Da igual cerrar las puertas
      Abrir las ventanas
Hacer puentes donde no hay ríos
Cobrar un sueldo y pagar los impuestos
Ir a misa
      O escuchar un discurso presidencial

Salir a la calle
      O pegarse un tiro en la cama

A menudo uno se encuentra
      Con enjambres
Con ídolos que subastan sus propias cataratas
Y beben en su propia taberna
      Arco iris de mostaza
Territorios prometidos sin peones

A menudo quisiera derrocar el alfabeto
Darle golpe de estado a las vocales

Botar las cáscaras de las consonantes
Darle amnistía a los adjetivos

Y beber la clorofila de los verbos
      Desnudarlos
Habitarlos de principio a fin
      Diseminarlos en felpas de aserrín
Vomitar el destino en el mar

Llevar el silencio a vitrinas póstumas
Deshacer el nudo de las encíclicas

Remover los sepelios y las sombras de las miradas
      Habitar la memoria
Despedirse diariamente del mundo
      Quemar los anticuarios
Disfrazar el óxido de la melancolía
Ignorar la piedra pómez de las ofertas electorales

      Excavar en el agua
Hasta sorber en su totalidad

      La ebriedad del planeta.

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Noche del día

"Lo real siempre nace con la luz imprevista"
Danza tenebrosa de las sombras
Las hojas dejan de crujir cuando la realidad
Escribe sobre las pupilas de su masa negra
Las sombras cambian
      los acentos son leves
El hollín de los tabancos se hace patente
La luna crece en las ruinas del subconsciente
Anochece en el día sobre calles intransitables
Aunque los brazos invoquen pájaros
Y se vuele sobre ellos devorando ramas
Cuerpos espiando su propia desnudez maltrecha
Dioses de barro sin palabras audibles
Entrada la noche los cuerpos se horadan
Se refugian se carcomen se arañan
Emergen duelos de ríos y trementina encendida
Un taller de sueños abre el fuego:
Para los amantes la noche es un santuario
Para leer la yedra líquida del agua
Deshilvanar las espaldas quitarle el hipo a la lluvia
Y desarticular con el ápice de la lengua las sienes
Para otros que no enfrentan el sosiego
La noche es una constante para beberla en los costados
Extraña botica de la intemperie
Crema del terror con cutis de hampa
Asfalto del terror donde el olvido es recuerdo
Y la dicha un residuo de la memoria
Para otros quizá sea místico paraguas
Imagen para esquivar las taquicardias del poder
Sacar las manos y hacer gestos felices
Para otros importa muy poco la noche o el día
Pero entrar a ella es sentarse en los armarios del tiempo
Trazar caracolas con tinta china
Abrir las ventanas que nos sostienen
Rasgar la oruga de los fantasmas
Ver los efectos del paisaje a contraluz
Y la geometría de los sueños sobre el granito
La noche es pues ver la luz de otra manera
A menudo tan antigua como la herrumbre
La luz es ver la noche entre matorrales
Recostada sobre las crestas de la espuma
Ambas se resisten al hábito y al instante
Porque encarnan múltiples destinos y congojas
Porque son cuando se apagan o encienden
Un extenso asombro de contrastes
Porque son para perderse como una braza en el agua
O un pájaro en la hojarasca.

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Callejón sin salida

Nunca hasta hoy se había hecho tan persistente
Definitiva precisa encarnada
Se vestía de sueños inefables y bengalas
Se vestía de mar y yo navegaba en sus olas
Se vestía de navidad para avivar mi fantasía
Ahora me hace falta en estos recuerdos oscuros
Que luchan con sombras de espejos
Y con la dureza desnuda con que se embriagan los muertos
"Mi cuerpo en el potro exhibiendo su tortura
Como una vanidad -ved ahora un potro en medio
Del escenario vacío- o mi yo disponiéndose
A recorrer una vez más los pocos pasos
Que caben en el callejón sin salida al que muestro"
Mi cuerpo y mis pensamientos en despojo
Desvistiéndose en las esquina de las uñas
Pensando en linternas de grandes urbes
Pese a todo te guardo como eras
Yedra de cuatro brazos fecundándome
Las sienes de lechos fluorescentes
Verbo del cuerpo agitando los poros
Ahora el agua estancada entre dos muros
La noche gime en la garganta con sus navajas
La lengua una antorcha gastada en la noche
Aquí golpeo y golpeo con mis puños la asfixia
Que me ahoga con su tizne la mirada
Aquí custodio pequeñas cosas en ruinas
La habitación donde la carne se volvía ciega
La celda del alma magulla
El rostro pleno con una humedad de cántaros
El sueño aún vivo aunque mi mundo se acabe
La llave del paraje donde los ojos guardaban el viento
El tiempo que me muerde con sus ojos desatinados
La porcelana de la emoción lloviendo en la sangre
Vuelvo cada día a la hoja de papel donde te revelas
Y dibujo islas con volcanes
Aguas ciegas que golpean el lecho
Paredes como obstáculos colgando de las autopistas
Que copulan almas inaprehensibles
Me miro luego me veo y no se si me conozco
En realidad no sé si también conoces a este rudimentario soldado
Que sólo sabe tirar flechas a los nidos de los pájaros
Y tirar botellas de esperanza sobre la mar
Me miro y te toco ya no sé qué nombre tienes
Si puerto o espejo aunque te prefiero espejo
Para ver de nuevo la risa cayendo a goterones.

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Elegía quinta

"Un hombre pasa con un pan al hombro.
¿Voy a escribir, después, sobre mi muerte? [.]
Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre.
¿Cabrá eludir jamás al Yo profundo?
Otro busca en el fango huesos, cáscaras.
¿Cómo escribir, después, del infinito?
Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza.
¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?"

César Vallejo

Tengo la rara sensación
De estar viviendo los sueños
Que otros ya vivieron:
La lámpara encendida tras el miedo,
El camino con viejos cuadros de ocasos,
La monotonía de los barrios,
La polilla de la paciencia entumecida,
Gastada en el madero de los sacrificios:
"señas me da mi ardor de fuego eterno".
El alma cuelga de las enredaderas:
Sensación deshilvanando hipos,
Manos desarticuladas en el océano de los circos.
Sueños: Pesados sueños en triciclos
Debutando con calambres y rara sed de cansancio,
Cuando los genitales se llenan de tizne,
Y el whisky, sólo sirve para recordar párrafos
De la maltrecha insolencia del tiempo.
Pero los sueños no son alegres ni cuando están en reposo,
Ni cuando la imagen cotidiana los arremolina,
Ni cuando los alfileres del aire apremian,
Ni cuando vemos el amor ansiosamente líquido.
En todo sueño, es evidente un bosque de agujas;
Aunque la necesidad del mismo arrulle analgésicos,
Como pensar la geometría de Helena,
Descolgándose en pañuelos de gaviotas.
También los sueños, en su cavar poseso,
De vida humana y de pálido deseo,
Nos llevan a inviernos de sombra y silencio,
Y a aljabas donde todo se hace hielo.
Alguien, sin embargo, tira flechas desde Cipango,
Para vivir, también, su propio sueño:
Navíos de Venus o de Baco,
Kamasutra de esos vientos donde siempre naufraga,
el éter ávido del horizonte:
Niño sentado agujereando las nubes,
Y el aguacero de los sueños. Sueños nada más
De abandonadas brújulas y ciegos velámenes.
"Ítaca [nos brinda] tan hermoso viaje dice Cavafis
Sin ella no [habríamos] emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que [darnos].
Aunque la [hallemos] pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así entenderás qué significan las Ítacas".
Es decir, ese severo horizonte de los sueños,
Cuando el futuro se gasta en la suela de los zapatos,
Y la realidad muerde: ojos, cabellos y rostro.

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Elegía sexta

"...parece que fue ayer la vida
perplejo y aliviado por el último abismo
esperas otro lago otros rostros otros ojos
asomados al límite entre el agua y la muerte"...

Manuel Vásquez Montalbán: Ciudad.

Entre las ramas de los pensamientos,
Una sed de ceniza esparcen los árboles;
Los perros ladran donde el viento se hace sal,
Y las pupilas se mueven como hojas de otoño.

Han sido años de sacudir brida y montura...

¡Cuánto le ofrendamos a la vida empapados de espuma!

Ahora siento duro el pasar de los años.
Las mañanas con gestos efímeros,
Los abrojos oscuros de las horas:
Vagos pensamientos de las aguas idas y bebidas.
Y vos no estás aquí, tocando el balcón de los poros
En el arroyo liviano que adelgaza la música.
No estás aquí para quitarle noches al alma,
Y apartar las piedras del atajo inminente,
Y el final ensimismado de los recuerdos.
Ahora, toca unir pálidos rompecabezas,
Y agonizar con las manos abiertas frente a los veleros;
Morder la zarza ungida de coraza,
Beber al revés el lenguaje del alma,
Contar historias al borde de la sangre coagulada,
Expulsar los ojos para ver la luz,
Caer en la levedad hueca del espantapájaros,
Ver indiferente las ratas que salen del tabanco,
Suturar las heridas que se abrieron como ráfagas.
Y vos no estás aquí con tu violín de cierzo,
Acompañando mis últimos sueños.
Por el contrario, te aferras a los trenes: Al olvido,
Y a ese afán de quebrar los vidrios del horizonte.
Sin embargo, mientras llega la sombra de la hojarasca,
Y termina esta fugacidad del ojo,
Y la sonrisa caiga sobre cirios,
Es bueno pensar en el secreto cauce del olvido.
A fin de cuentas, la tierra se encarga,
De enfriar los pensamientos y la carne.

Después, no digas nada cuando veas el mar...

Después, no pongas crisantemos ni alelíes sobre gusanos.
Después, no hables de los fríos golpes de la trementina,
Cuando copule en los pinos del eco.
Ya para entonces será inútil:
Estaré en perpetuo cautiverio hacia el cielo.
Un insomnio habrá plantado bosques;
El arpa de los grillos velará criptas,
Y un timbal de huesos colgará de los sueños...

Después, no digas nada: Porque para entonces:
"(habrá) muerto el amor y los días".

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Del libro: CEREMONIAL
Al poeta Rolando Elías, in memoriam

Poeta 1
Hay una larga sequedad en la Esperanza.
Hay sombras de mármol en la conciencia.
Hay vanos ángeles en los sueños.
Hay tumbas en el orgasmo de los árboles:
Savia sacra de la materia entre losas.
Hay una luz que no duerme:
Carneros de una dulce ingenuidad.
Hay en las lágrimas un hilo apretado
De vagas noches sin raíces.
Hay frases de una densa impaciencia:
Mojado corazón de los labios.
Hay inmortalidad en las palabras
Del gusano que roe lentamente la carne.
Hay ocaso en el secreto alado de los nombres,
En la psique que sueña, en el delirio del alma.
Hay mordeduras en el silencio
Como libros gastados que cierran su ciclo.
Hay polvo picoteando los párpados;
Pero no polvo enamorado
Como dijera don Francisco de Quevedo,
Sino polvo deshaciendo la vida en vacíos inefables.

Poeta 2
La muerte es mágica:
Desangra los tiempos o los coagula.
Se habla de la vida que retorna desde los muertos,
Del alma, del espíritu y lo eterno.
De pronto me doy cuenta que la muerte es espectral:
En ella transitan paisajes alados
Como un río de pájaros entre las sombras
Que van soñando caminos
En las escaleras de las nubes.

Poeta 1
No muere sólo la carne que mantiene
Las estaciones de la vida,
Sino el hálito infinito de fe y Esperanza.
Por desgracia, hablo de una y otra muerte:
La que me envolverá un día con el musgo;
La otra, la que deshace el interior del alma.
Es un eco abriendo la memoria:
Vitral de bolsillos vacíos
O noche infinita de sollozos.
Hay cosas efímeras como la hoguera;
Se reza y los labios sangran ungidos de saetas.
Ya lo dijo Rubén: "Agobiada conciencia
Mata el ideal de pronto".
¡Ah, "yo soy un esqueleto misterioso y escueto;
Guardián de mis abismos y mis sombras"!

Poeta 2
Se viene de un mar de símbolos viscerales.
Esa es la primera batalla que se libra;
Luego se inventan las parábolas y los sueños.
El milenario resplandor del orgasmo,
Los audífonos ancestrales de la cópula,
Los desnudos pétalos de la luz,
La bitácora sutil de las emociones:
El amor con sus eternos ausoles.
Después el pulso calla sus líquenes;
El ideal -aquél ideal enhiesto- tórnase bruma
Y muere ante la prominente realidad
Que nos impone el mármol de las soledades.

Poeta 1
Bebo el humo de la noche
En el ciego invierno donde navegan mis sueños.
De madera ha sido hecha mi vestidura final
Y de oscuros infinitos mi futuro.
Hay cosas que quedan en el horizonte:
El río de la memoria
Que hace de las aguas
Una cárcel de apretados fantasmas.

Poeta 2
¡La vida, erosión de los vientos!
De todos los vientos que empujan a un barranco sin latidos.
De todos los sueños sin verdor ni raíces.
De toda la muerte convertida en tierra.
De toda la fe hecha herrumbre.

¡Ah, humano espejo de martirios!

Poeta 1
Resistiendo a la oscuridad que desciende
He sentido el llamado.
Dichosa tú, muerte, siempre lúcida;
Resplandeciente lluvia que quiebra en brevedad
La espiga temprana o adusta.
Tú, eterna y honda y diligente.
Siempre encarnada en los recintos de la carne.
Siempre en los carámbanos de la luz.
Siempre como arpón en la mesa de las ilusiones.
Siempre sombra súbita en la arenilla del amanecer.
Siempre sueño final sin la urgencia del reloj.
Siempre una piedra en la doctrina subterránea de la tierra.
Siempre eterna y honda. Siempre súbita e insólita.
Siempre desnuda y tenaz. Siempre gaviota o lágrima.
Siempre todas y la misma.
Siempre todas y la misma.
Siempre... y sin embargo, andando en la gracia de la vida.

Poeta 2
De qué vale matar los infortunios,
Si ellos por sí mismos son cadáveres:
Bestias del más grande dolor,
Llanto del vacío en la antorcha de la angustia.
La pudrición de las entrañas es genésica:
Un navío lentísimo como la noche.
Se nace, y ya, muerte, proclamas la victoria final.
Minuto a minuto la vida combustiona.
El cuerpo gime en el abanico de sus ríos
E incesante arde en los silbidos del fuego.
Así se va corroyendo el alma.
Así se va sollozante el pájaro de la vida
Por esos enlutados violines de los calendarios.

Sobre los cabellos del viento -lucero galopante-
Va la vida, ternura deshecha en cenizas.

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HÉCTOR PIMENTEL (México)

Pasa el poema

Habitas una esfera de silencio.
La noche es un mar elemental que fluye
alrededor de ti. Una delgada corteza de realidad
se deprende de las cosas.
Tus ojos en la oscuridad deletrean al tiempo.
Cada imagen,
cada pensamiento es un fulgor súbito,
soles breves, ecos que se expanden,
monedas que relucen al lanzarlas
y muestran sus insólitos reversos.
El infinito es una puerta entreabierta,
una escalera sin destino. Pasa el poema
como pájaro absorto en la claridad de su vuelo
cruzando una grieta en la memoria.

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Nocturno

Niña etérea,
la secreta ilusión de ti
abre mi corazón al aire de la noche.

En mí caben todas las estrellas
y despierta un pequeño planeta azul
perdido en su elipse solitaria.

Cuántos caminos habrá recorrido el amor,
cuántos siglos en llamas
hasta llegar aquí
para que yo pudiera compartir con mi especie
esta alegría sin voz,
sin esperanza.

Cuántas palabras me ha costado
llegar a este silencio,
a esta soledad que siento apenas mía
como un reino conquistado.

Niña terrible,
cuántos versos me tocará escribir ahora
para llenar los muros de papel.

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Huellas

Para restaurar el régimen de la cordura,
el predominio de la razón,
hacen falta
las herramientas que manos clandestinas
enterraron bajo el árbol de la sangre.

Por las aceras de nuestro siglo
caminan pies que han olvidado
el tibio contacto del lodo
tan a salvo de la hierba y las espinas
que me resulta imposible encontrar
mis propias huellas en el suelo.

Como tantos me pierdo y me distraigo
por calles infinitas,
espesas de humo y cegadores destellos.

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JOSÉ MANUEL OLIVEROS (España)

Sin sospecharlo

Sin sospecharlo
somos amados
y, de repente,
lo sentimos
y una nueva luz
nos muestra el mundo
como siempre imaginamos
cuando el alba renace
hecha de sueños
y, así revividos,
amando estamos
sin sospecharlo.

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Cercanos al carburo

Cercanos al carburo,
al frío,
o aún lejos de todo ,
no sabemos las distancias,
lo que nos queda,
ni el camino recorrido.
A veces, soñamos
y se acerca lo vivido;
a veces,l os sueños se alejan
cuando vivimos.

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Cada poema un lento naufragio del deseo...
                                         Alvaro Mutis

Espera

I

Espera que lleguen las voces,
que hablen los deseos
de esas noches ocultas
lejos de los cuerpos,
de la soledad del alma agrietada
cuando le faltas a mi universo,
para que sientas clara tu presencia,
cómo estás en el vivo recuerdo,
en la totalidad de un beso,
en el ser que me hace amarte,
cómo arrastro el hueco de tu sombra
para no olvidarte.

 Espera que regresen mis ojos
cargados de otros mundos,
para que te veas en todos los momentos,
en el lugar donde mis sueños enloquecieron
por no poder compartir el aire,
donde inventé hasta tu aliento,
y besé las sobras de otros besos.

Espera,
debo enseñarte un continente de sal
que brotó de las noches,
el sudor helado,
el gozo lleno de ausencia,
otros rostros que amé en la tristeza,
ahora que todo me huele a ti,
a piel quemada por los besos,
a carne amada,
como si llegaras por el aire,
a último tributo hecho de nubes,
a cuerpos de nieve que se rozan
esperando el deshielo y la muerte.

Espera,
mira la oscuridad detrás de tu nombre,
el dolor cuando te busco
y vuelvo vacío de instantes,
con palabras que separan como mares,
como islas de olvido en la memoria,
que serán silencio,
bruma esparcida en la mañana,
cantos que nacerán muertos.

Espera,
quiero que recuerdes
cómo llegué a ti,
alejándome,
quise extraer la verdad de mi delirio,
poner frente a cada paso un océano,
sentirte por el agua,
en cada onda el ritmo de tus manos,
convertida en alga y espuma
por el eterno ritual de las mareas,
en blanco deseo hecho de luna,
después de las olas
como restos amados de un naufragio
que se quedan anclados entre las cosas.

Espera,
quiero hablarte
de un proyecto de besos sin límites,
de cuerpos pegados al alba,
de una noche llena de crepúsculos,
cómo a veces te veo hecha de sombras,
de profundos golpes de silencio,
como negándote a la luz
con la piel hundida hasta los huesos,
de ese afán de no ser
mientras te miro,
de no estar cuando te busco
 desbocado por senderos de selva
y aguaceros tropicales,
ebrio de vaho que aspira
a dos labios en los atardeceres.

Y así vivo en talleres vacíos,
buscando indicios
en tus palabras vagas
secas como desiertos,
tarea en la sombra que nadie conoce
y que me acerca a ti
lejos del mundo,
de las voces que me parecen extrañas
y sólo lleno de fuego
vuelvo a amarte,
desde el silencio de las piedras,
desde las raíces más profundas,
desde el cielo roto por los rayos,
desde el sonido oculto en los mares,
en esta bahía esperando algo,
un leve rumor,
la mitad de tu latido.

Ya no sé
si eres o soy
lo que va conmigo:
confuso este vivir herido,
confuso mi dolor sin límites,
confuso acto haber dicho
lo que el corazón escondía,
ahora que aparecen nuevos misterios
dispuestos a ser noche para la vida,
para las sendas donde dejará todo,
tu voz, tus ojos
hasta que llegue la nada,
tu vacío para mi alma.

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Se va la tarde

               I

Se va la tarde,
parece que el cielo tiembla,
estalla en colores de selva,
y recorre el último trazo del círculo
que lleva a las estrellas.
La luz de ayer viene cansada,
dispuesta a morir en las riberas.
Hay un funeral y una fiesta.

               II

Llámame cuando el agua no avance,
cuando sean sólo cantos las voces
y las rosas marchitas
dejen sus esencias en el aire,
al alba de las corolas,
cuando despierten las aves.

               III

Llegarán las respuestas,
las señales del alma
colmarán las esperanzas,
el camino se abrirá,
limpio de escombros
y húmedo de rocío.
Mientras tanto,
sueña con Dios
y cosecha con tus manos.
Mira las aves,
los ríos ,
el mar abierto.
El mundo empieza
con el don del alba.
Qué abundancia de días.
Qué privilegio ser hombre
en este círculo de luz y sombra,
si entendiéramos la vida.

               IV

Hoy me levanté
con ganas de versos,
muchos versos,
versos que nacen con alas,
besos de verso
y versos de esperanza,
versos para vivir,
el aire soñé
lleno de versos.

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