SARA MARTINEZ CASTRO

Nace en Cueto, Oriente, Cuba el 13 de julio de 1950. Sale de su patria en enero de 1970 para exiliarse en Estados Unidos. Desde entonces habita en la esperanza de volver a una Cuba libre. En 1979 se gradúa de Miami-Dade Community Collegue donde obtiene un Asociado en Artes, con honores. Toma cursos de literatura española e hispanomericana en St. Thomas University. Recibe un certificado de periodismo del Koubek Memorial Center de la Universidad de Miami. Participa en certámenes literarios y obtiene distintos premios de poesía. En 1986 publica su libro “La soledad detenida”. Su obra poética se encuentra en distintas antologías y muchos de sus poemas han sido publicados en El Poema de Hoy de Diario Las Américas. Está convencida de que el poeta deambula por la palabra para alcanzar el infinito a sabiendas de que es inalcanzable. Sigue escribiendo para tentar la suerte. Pertenece a The International PEN Club, rama de EE.UU., y es vicepresidenta del Círculo de Cultura Panamericano, capítulo de Miami. Trabaja de traductora e intérprete. Es directora de asuntos culturales de la organización patriótica Alpha 66.

Indice
A Diego
A Héctor Maldonado
A Pablo Le Riverend
A un año de tu adios
Como si fuera ayer
Coral Gables
Cuba
Diana Beatriz
Diciembre
El Amor
Hasta ti, Señor...
Juntos
La vida
Madre Teresa
Mercedes García Tudurí
Mi padre
Navidad
Oración por Cuba
Pinares de Mayarí
Por esta flor
Un beso
Ronda
Si no tuvieras nombre...
Víspera
Veintiuno de enero
No conocí al abuelo...
Elegía por Michelle Padrón

 

 

A Diego

I

Guardo silencio y el silencio puede
asirse a mi dolor como una brasa.
Estás presente, amor, por eso pasa
la angustia sin tocarme. Todo cede

su lugar a esta pena donde anida
la única verdad, el gesto cierto.
Y me niego a aceptar tu despedida
porque si estás en mi, tú no estás muerto.

Bajo la noche el corazón habita
en un tiempo que quiso, de algún modo,
hacer de la inocencia su baluarte.

Acudo nuevamente a aquella cita
en que unimos la sed, el alma y todo.
Y me sobra dolor para encontrarte.


II

Y me sobra dolor para encontrate,
esposo, amante, amigo, compañero,
como la madrugada en el lucero
así vas por mi piel a cualquier parte.

Te escondo en la parábola escogida
allí donde la duda se hace asombro,
y me llega tu voz cuando te nombro
en una contraseña compartida.

Seguiré por el terco desvarío
que insiste en prodigar su buena suerte
para salvar un sueño de la nada.

Y seguirás latiendo por ser mío,
más allá de la trampa de la muerte,
más allá de la ausencia enamorada.

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A Héctor Maldonado

I

Deambulas por las sendas infinitas
y retornas a ti cuando cansado
del inútil bregar haces a un lado
la razón del presente donde habitas.

Haces sitio en tu voz para el recado
de esa verdad que yace en las preguntas
y olvidas que las páginas difuntas
viven de cada instante marginado.

Por ese desenfado de tus versos,
por la forma sutil en que dispersos
saben acomodarse a la tristeza …

Te perdono el desdén hacia ti mismo,
tu inocente y recóndito egoismo,
tu costumbre de andar por la pereza.

II

Tu costumbre de ser el ángel triste
que desprende recuerdos de la aurora
para salvar un tiempo que a deshora
de toda la amargura se desviste.

Escalas un motivo más profundo
que la frágil presencia cotidiana
de esa luz que se asoma a tu ventana;
mensajera de un sol meditabundo.

Eres de mar, de isla alucinada,
del pedazo más firme de la nada,
de la verdad al filo de la suerte.

Por la illusion que crece en cada espiga,
de la mano de Dios tu bondad siga
creciendo en libertad sobre la muerte.

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A Pablo Le Riverend

Con su sencillo andar de hombre seguro
ha regresado al polvo que se empeña
en convertir en luz su contraseña.
Y por iluminado ahora es más puro …

Ha regresado al punto de partida
donde el tiempo no cuenta en el espacio.
Hoy sabe que la vida es el prefaci
de una obra más larga que la vida …

Pudo más su decoro que el bolsillo,
por eso su mirada tuvo el brillo
del que no encuentra casa en tierra ajena.

Quisiera recordarlo únicamente
como aquel desterrado combatiente:
rebelde hasta en el fondo de su pena.

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A un año de tu adios

I

Padre, mi corazón está contigo
aunque juegue a seguir la letanía …
Afuera queda inerte lo que hacía
por conservar la fe. No hay un postigo

que me cierre por dentro la agonía.
Hasta el mensaje fiel de algún amigo
deja su cicatriz como testigo
y no le cede el paso a la alegría.

Nada alumbra al destino, pero existe.
En medio de la trampa en que reposo
hasta la buena suerte me condena …

Para salvarte, padre, de lo tirste
buscaré tu recuerdo más hermoso
y lo pondré a vivir junto a mi pena.

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Como si fuera ayer

(Al poeta y compositor José R. Muñiz)

Deambula en un letargo la esperanza
y el tiempo se apresura demasiado.
El presente es un duende custodiado
por una caprichosa adivinanza.

Nada es igual y nada es como un rito
que vuelve a comenzar un día cualquiera.
Nada es igual, mas cada primavera
la rosa se convierte en infinito.

Tú pudes regresar … sueña, poeta,
con una noche lánguida y coqueta
en plenitud de luna cienfueguera.

Y volverán tus versos desterrados
a enamorarse en los acantilados
como si fuera ayer, como si fuera…

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Coral Gables

Esta ciudad de péndulos gastados,
de recatado aroma de violetas,
custodiada por calles indiscretas
y el corazón prendido a los costados …

Llega a ser tan cercana como el aire,
tan llena de visiones presentidas …
Cofre para guardar las despedidas,
señora que envejece con donaire.

Bautizada con agua de una fuente,
deja su bendición entre la gente
que descubre el ayer bajo su abrazo.

Esta ciudad gentil como un poema,
suave como la lumbre que no quema,
puede hospedar a Dios en su regazo.

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Cuba

Es la palabra breve
que me arrulla el recuerdo
con retazos de infancia.
Es el nombre aprendido de memoria
y que llega a ser parte de mi misma
como la voz de Dios en el silencio.

Sus fundadores fueron gente honrada
que domaron la vida con acierto,
gente que cultivó cañaverales
con el arado noble del esfuerzo;
que supieron cruzar las guardarrayas
sin mirar hacia atrás porque iban lejos.

Mi isla poesía
la grata languidez de la costumbre.
Sabía repartirse
ante el asombro reverente de la brisa
y se quedaba quieta entre colores
de distintos reflejos.
Con su oficio de hogar protegía las horas
del filo inexorable de la ausencia.
Por eso antes de irme de su lado
le dejé la nostalgia
en un intento vano de infinito;
y coloqué la ofrenda de una ventana rota
para que entren las nubes
a dibujar la luz en los espejos.

Ella está donde siempre
con su paisjae enterno.
Ha de seguir allí hasta que yo pueda
tocarme el corazón sin sentir miedo.
Y aunque se sienta triste
esconderá la pena en cada gesto
porque el futuro es libre y ya no llora
un ángel desde adentro.

Es la esperanza al borde del camino.
Es la ilusión intacta del regreso.

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Diana Beatriz

Hay un ángel que no duerme
apoyado en tu sonrisa,
Hay un mañana sin prisa
que deja a la pena inerme.
Para que el Amor no enferme
el ángel guarda en su pecho
un paisaje que está hecho
con pinceles de ternura.
La vida puede ser pura
Si el paisaje está derecho.


El silencio está al costado
Infeliz de la palabra.
No hay herida que se abra
bajo este gesto callado.
La suerte está de mi lado
desde que el azar quisiera
ponerme la primavera
a vivir bajo la frente.
Ahora todo es diferente
y llevo el alma por fuera.


El trompo es aire travieso,
las nubes son papalotes,
y en el árbol donde anotes
tus sueños se hará el regreso.
La magia cabe en un beso
cuando una madre está triste.
En mí la esperanza viste
un traje de verso y lumbre.
Hija, tú eres la costumbre
de creer que Dios existe.

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Diciembre

Diciembre se regala en villancico
y les roba su acento a las campanas.
Diciembre salvaguarda las mañanas
cuando se abre al Amor como abanico …

Diciembre es la parábola escogida
que deja en un pesebre su mensaje.
Diciembre es la inocencia de este viaje
que trasciende su punto de partida.

Las promesas son parte del ensueño
y el espejo se vuelve más risueño
al repartir con todos su confianza.

Un pétalo de luz ha concebido
su plenitud en torno a este latido
donde reposa toda la esperanza.

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El amor

(A Héctor y Patrizia)


El amor si es verdadero
es un angel atrevido
que adivina en un latido
la gracia del alfarero.
Es la lluvia en el alero
que acaricia al inmolarse,
es la raíz que al clavarse
en la tierra se libera,
o es una nube cualquiera
que es más nube al regalarse.

De la magia va vestido
y es cómplice del asombro.
Lleva su ternura al hombro
con un gesto agradecido.
Inoportuno y bandido
por cumplir con su misión
se esconde en una canción,
un poema, una mirada,
o en la esquina iluminada
que llamamos corazón.

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Hasta ti, Señor …

Llegaré a tu presencia custodiada
por la prisa de un pájaro sin nido;
y anunciará el silencio mi latido
de torpe peregrina alucinada.

Habré de presentirte en la pisada
del verso que se salva del olvido …
Y he de buscar el cielo prometido
para calmar la ausencia enamorada.

No habrá de precederme la derrota
ni la oración que dicta la costumbre.
Sobrarán los pañuelos y testigos …

Me bastará entregarte la devota
ilusión que forjé junto a la lumbre
de un terco corazón lleno de amigos.

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Juntos

Juntos nos encontró la madrugada
y guardó nuestro amor en su regazo.
Tan juntos que no pudo nuestro abrazo
desmayarse en la sed de la jornada.

Hoy somos la razón que se hace huella
por un casto milagro vespertino.
Somos la encrucijada en el camino,
somos la travesura de una estrella …

Dios bendiga el afán que en cada esquina
nos dibuja la paz de su embeleso
y en un mismo destino nos convierte.

Dios bendiga por siempre esta rutina
de saberte al alcance de mi beso,
alfarero constante de mi suerte.

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La vida

(A Diana Beatriz, que llegó al mundo
el 7 de marzo de 1986)

La vida teje su ronda
en las orillas del tiempo.
Sonrisas entre juguetes
anuncian este desvelo
de un pétalo de mi carne,
azúcar del sentimiento,
retozo de una ternura
que pone a marzo perplejo.
La inocencia ha recorrido
nueve meses de misterio
para traer un regalo
que es de Amor. No tiene precio …
La vida teje su ronda
más allá de los espejos,
más allá de la palabra
que no cobijan los huesos.
Y estás aquí –fantasía-
llenando el aire indefenso
de cintas y de recados,
de algarabía, de besos;
de tantos otros motivos
que adornan el pensamiento.

La vida teje su ronda
Y Dios no se pone viejo …

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Madre Teresa

Madre Teresa de la Misericordia,
amparo de los tristes,
en el quehacer sencillo de los buenos
forjaste un corazón limpio y humilde,
un corazón de escharcha iluminada
por la uz de los siglos …

Supiste repartirte en bendiciones,
con tu asombro inocente como un lirio,
bálsamo de dulzura, roca mística,
ofrenda de piedad en tierra extraña
sobre un dolor antiguo.

Madre Teresa de los Desamparados
que rezas de otro modo tan distinto,
con la mano extendida hacia el más pobre,
con la fe renovada en sacridicio,
con algo más que un simple Padre Nuestro
a la sombra de un viejo crucifijo,
porque Dios muchas veces tiene hambre,
se queda sin hogar y siente frío …

Madre Teresa, plenitud de gracia,
Madre Teresa, cántaro de alivio,
esencia de una vida que no acaba
porque de tanto darse se hace oficio.

Estás en el Amor que es hoy y siempre,
y en el Amor te creces de infinito.

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Mercedes García Tudurí

Hay seres que debieran ser eternos
como la luz, el cielo, el aire, el mar;
seres que en las aristas del silencio
descubren un jirón de inmensidad.

Hay seres que están fijos en el tiempo
como el verso que nadie escribirá,
y en la gota de cada pensamiento
vierten su vocación de libertad.

Y tú eres, maestra, el Evangelio,
Un ejemplo perenne de bondad;
espejo para ver el infinito
que no tiene comienzo ni final.

Hay seres que debieran ser eternos
Como el amor de Dis y nada más.

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Mi padre

I

Mi padre era un señor muy bien plantado,
árbol con las raíces como espuelas,
que cargo con su infancia sin escuelas
con la firme actitud de un buen soldado.

Era su voluntad como el arado
al dividir los sueños en parcelas;
sus manos eran rudos centinelas
que guardaban la paz del hombre honrado.

La muerte – trama absurda de la vida –
se ha llevado mi padre a su guarida
y quisiera retarla frente a frente.

La herida duele menos que el vacío,
esta ausencia es un lento escalofrío
por donde va mi pena torpemente.


II

Por donde va mi pena torpemente
sin que pueda medir la luz más cierta,
ni la palabra clave que despierta
en la verdad de Dios hecha simiente.

Sin que nada se salve del presente,
ni se pueda cruzar la única puerta …
Sin que se pueda hacer alguna oferta
que tuviera un destino permanente.

Si llegara de pronto algún remedio,
Si pudiera escaparme del asedio
y volver al comienzo de la prisa …

En nombre de un señor muy bien plantado
hoy quisiera dejarlo todo a un lado
y hasta llevar por fuera una sonrisa.

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Navidad

(A Diana Beatriz)

Eres la sosegada plenitud del rocío
yla luz que antecede a la plegaria;
ees, hija, el momento más preciso,
l puro, lo perenne, lo que salva …

Por ti el recuerdo toca el infinito
cn la esencia de un verso que lo ampara;
el ayer no se entera de que ha muerto
y confunde su risa con mis lágrimas.

Es Navidad, se agrupan en un cuento
villancisoc, saludos y guirnaldas.
Ha llegado Jesús,. el Niño Eterno,
a quedarse por siempre en tu mirada.

Por ti lo triste pasa y no me hiere.
Hoy le cedo a Diciembre la palabra.

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Oración por Cuba

Hoy pido por la sangre sepultada
en el lento cadaver de tu pena,
Pido por cada madre que condena
y por cada palabra amordazada.

Pido por cada sueño prisionero
en la justa pesencia de la ira,
por el miedo que llega a ser mentira
y la risa que paga el extranjero.

Por el fondo del mar alucinado,
por tanto niño roto de repente
y la terca esperanza solitaria.

Pido por el talento fusilado,
pido por cada lágrima inocente,
pido por la justicia necesaria.

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Pinares de Mayarí

El viento hace piruetas y arremete
contra la tierra roja y asustada.
El asombro le cabe en la mirada
a la niña con risa de jueguete.

La tarde se repliega en el paisaje
para creer que Dios no tiene prisa.
La luna se abre paso … Tan sumisa
que la tarde se inclina y sigue el viaje.

El pasado regresa a su manera.
La magia del recuerdo lo sostiene
y logra apaciguar el desconcierto.

Y soy la niña aquella que quisiera
tercamente volver … Y se detiene
a tomar de la mano al padre muerto.

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Por esta flor

Por esta flor que diste a mi cuidado
te doy gracias, Señor; por cada día
que tu bondad convierte en alcancía
para depositar el gesto amado.

Por el tiempo en ternura recobrado,
porque a pesar de todo has hecho mía
esta magia febril que no se hastía
de fijar entre besos su reinado.

Por el verso que llega de repente
-travieso, necesario, intransigente-
aunque puedan pensar que yo estoy loca.

Porque en la oscuridad veo tus señas,
Porque en las cosas simples y pequeñas
vislumbro, al fin, el cielo que me toca.

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Un beso

(A Diego, en nuestro primer aniversario
de bodas, 7 de julio de 1985)

Puede cuidar del sol aunque no alumbre
y del tibio arroyuelo marginado,
puede cuidar de Dios con el cuidado
del mismo Dios en casta servidumbre.

Puede ser, sin saberlo, la costumbre
de florecer en pájaros … y atado
a un sueño por hacer ir al llamado
de un verso en soledad que lo deslumbre.

Puede hacernos la sed más obediente,
la confianza más cierta, o simplemente
llevarnos de su mano a la alegría.

Y puede un beso en este aniversario
ser por nuestra ternura el emisario
de un amor que se crece cada día…

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Ronda

Vamos donde el amor no esconde prisa
y hay un ángel que salva del vacío
al Señor de la miel y del rocío…
Vamos donde la luz es más sumisa.

Y dejemos lugar en la sonrisa
para cuidar del bronce y el estío:
las campanas no deben sentir frío
porque guardan el alma de la brisa.

En torno a cada verso indiferente
pongamos la inocencia y simplemente
hallaremos bondad para este rito.

Pasa diciembre y tanta algarabía …
Pero habrá de quedar la fantasia
para sentir que todo estaba escrito.

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Si no tuvieras nombre …

(A Diana Beatriz en su onceno cumpleaños)

Si no tuvieras nombre, inventaría
uno que te sirviera como espejo:
serpentina, consuelo, paz, ternura,
paloma, flor, rocío, caramelo;
sonrisa que descuelga de la vida,
lluvia que hace cabriolas en el tiempo,
la razón de ser niña para siempre,
una brizna de luz en tu cuaderno.

Si no tuvieras nombre, hasta la brisa
llamaría en la magia de tu acento,
y un Angel de la Guarda te daría
una nube traviesa por pañuelo.
El cielo danzaría en tu mirada
hasta quedarse en tu mirada quieto;
y para ver a Dios únicamente
bastaría buscar tu pensamiento.

Si no tuvieras nombre, te daría
el asombro cordial de este año nuevo...

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Víspera

Soy más de ti porque en mi vientre existe
una espiga que crece por tu beso,
porque ha querido Dios que todo el peso
del amor me salvara … Ya no es triste

ese rito inicial de piel y asombro
que llevara mi sed a tierra firme;
ahora tengo una rama donde asirme
y florece mi voz cuando te nombro.

Ahora soy aposento de la Aurora,
cántaro de piedad donde a deshora
un milagro se advierte: presentido,

inocente y capaz como la suerte …
Soy más de ti y no podrá la muerte
dejar esta verdad en el olvido.

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Veintiuno de enero

(A mi padre, en el décimo aniversario de su partida)

Veintiuno de enero, me levanto
y me descubro el alma lentamente.
El dolor es el mismo, solamente
se acostumbró a jugar con el espanto.

El recuerdo fustiga la jornada
y vuelve a recorrer mi desvarío.
Siento que en este duelo hay un vacío
que reafirma mi afán ante la nada.

Veintiuno de enero, necesito
aceptar tu presencia como el grito
que en cada amanecer llega y me acecha.

Y aunque el hastío corra por mi frente,
nadie sabrá que soy únicamente
la que aprende a morir en esta fecha.

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No conocí al abuelo ...

(A Manuel Castro Fernández)

No conocí al abuelo de mirada austera
y tibio corazón de peregrino,
no pude acariciar sus toscas manos
ni su frente cargada de esperanza
que se adentró despacio en otro siglo.

Pero sé que mi abuelo, el emigrante,
el que cerró los sueños con postigos,
se ancló en la isla llena de promesas
para erguirse con todo su donaire
y forjar un hogar para sus hijos.

Villafranca del Bierzo fue su cuna
y la trajo escondida en algún sitio
bajo su piel humilde de labriego,
donde le fecundaron la nostalgia
y le marcaron todos los caminos.

No conocí al abuelo pero a veces
siento su corazón en mi latido,
y me llega de golpe la añoranza
cuanto cae en el alma de repente
la ingrata certidumbre del exilio.

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Elegía por Michelle Padrón

Septiembre reta al vacío
donde falta tu ternura,
septiembre ya no se apura
a esconder su desvarío.
Se hace amigo del rocío
para que sane su herida. 
Lo injusto de tu partida
aún le quema el sentimiento,
y quisiera hacer un cuento
junto a tu frente dormida.

¿Dónde poner el recuerdo
que aún sostiene tu sonrisa?
¿Dónde poner esta misa
donde al rezar yo me pierdo?
De tu inocencia me acuerdo
cuando al pasar por la escuela
el cariño se desvela
y presiento entre tus manos
los colores cotidianos
inventando una acuarela.

Dios te ha regalado un cielo
estrenado a tu medida,
un cielo sin despedida,
sin llanto y sin desconsuelo.
Allí donde no hay recelo
porque la paz se convierte
en ángel de buena suerte
que resguarda tu ilusión,
se salva tu corazón
del naufragio de la muerte.

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