Poemas recomendados de Ecuador
La poesía ecuatoriana es un territorio vibrante, diverso y profundamente humano. Entre montañas, selvas y ciudades que laten con historia, surgieron voces que transformaron la palabra en puente, memoria y resistencia. Cada poeta, desde los clásicos hasta las nuevas generaciones, nos invita a recorrer emociones intensas, paisajes íntimos y preguntas que siguen resonando.
Medardo Ángel Silva
“La ronda de noche”
Rueda como una lágrima en la atmósfera fina,
la voz del campanario antiquísimo: la una…
y su eco pasa, leve como una ave marina,
sobre los techos blancos de escarcha de la luna.
Finge una lanzón la antigua torre de San Alejo,
a cuyo extremo brilla, temblando una estrellita…
húmedos callejones… Casas de tiempo viejo,
con ventanas que el viento, como un ladrón, agita…
Una copla canalla tiembla en el aire puro…
guiña un farol, su guiño se refleja en el muro
y hace mayor el duelo de los sucios portales…
El paso de la ronda se pierde en la calleja
y el rumor de las ramas, en la penumbra, deja
épicas remembranzas de días coloniales.
Jorge Enrique Adoum
“Corazonada”
era por descostumbre de la muerte por desmuerte
que decía el lunes la semana que viene el año
próximo
hablando de las cosas con que uno se mortaliza
pero tú eres lo premortal impostergable
tú el duradero instante siempre urgente
en mi necesidad de tu sur desangustiante
y entonces no sabía cómo ahora que de pronto
no iba a haber más tú puede no haber más días
Sonia Manzano
“Full de reinas”
Por la simple fricción de las palabras
se llega al éxtasis.
En ésta, mi primera relación con el texto,
textualmente me revuelco en el lenguaje.
Entreabro los labios para decir ‘esta boca es mía’,
pero no sé si soy yo la que por esta boca está hablando.
No importa que nadie me recuerde en este último día
tan parecido al siguiente.
Algo que no es la rosa de otros días
fluye entre los muslos,
desangra para siempre entre los labios
la rosa que no vuelve.