Poemas recomendados de Bolivia
La poesía boliviana es una expresión profunda de la diversidad cultural, histórica y geográfica del país. A través de sus versos, los poetas de Bolivia dan voz a la memoria indígena, a la identidad andina, a la lucha social y a la sensibilidad íntima del ser humano. Estos poemas reflejan tanto el paisaje del altiplano y los valles como las emociones, los sueños y las realidades de su gente, convirtiendo la palabra poética en un espacio de resistencia, belleza y reflexión.
Edmundo Camargo
“Hay una anciana”
Hay una anciana que siempre come sola,
me ha hecho llorar el verla
como si fuera el hijo que no llegó a tener.
Me ha mirado en silencio;
la he mirado gritando con mi alma
tú no estás sola, abuela,
tú no estás sola.
Un foco ha llorado su lagrimón de vidrio,
en la alcuza el vinagre se ha hecho dulce,
y la anciana mascando su propio pensamiento,
me ha mirado de nuevo, dulcemente.
Yolanda Bedregal
“Sed”
No quiero
agua
ni sangre
ni vino
para mi sed.
Quiero
lo que ha sido
y nunca más será.
Lo que pudo ser
y no fue.
Lo que pasó,
lo que será.
Tengo sed
de Eternidad
en la copa de vidrio
de un instante fugaz.
Jaime Saenz
“Como una luz”
Llegada la hora en que el astro se apague,
quedarán mis ojos en los aires que contigo fulguraban
Silenciosamente y como una luz
reposa en mi camino
la transparencia del olvido.
Tu aliento me devuelve a la espera y a la tristeza de la tierra,
no te apartes del caer de la tarde
-no me dejes descubrir sino detrás de ti
lo que tengo todavía que morir.
Cé Mendizábal
“Pacífico”
Clavaron un pie en lo hondo
y no se irán.
Han aceptado labrarse en bosques
y ciudades de imágenes perdidas
pero no se irán.
Estas piedras que miran de frente al mar,
que lo oyen más allá de la paciencia
convocando su feroz látigo con ciega convicción,
han aceptado ser escritas, pero no se marcharán.
El océano,
que habla con una sola ronca voz
desde los bordes imaginados de cierta Indochina
hasta esta resquebrajada costa,
sabe de este propósito,
de este vivir con continencia en uno mismo.
Su salado abrazo,
el vaivén que empuja el curso de un perpetuo drama,
ha oído de ese intento
que busca desbaratar con terco ademán.
He aquí los nombres sin olvido posible.
He aquí
sucediéndose en el extendido labio de la playa
con el coro aglutinado
de arrecifes que siguen de cerca,
en el oído de tu memoria.
Pero acaso estés harta de oír siempre lo mismo.
La misma historia insepulta
a cuyo nuevo destino no se sabe
ni se quiere arremeter.
Cada piedra de este sordo límite,
que conoces imborrablemente,
ha aceptado escribirse con un solo ánimo.
Cada línea habla con el desdén de quien ha presenciado
los detalles de tu guerra civil.
Dolor es sólo una de sus opiniones.
Pacífico uno solo de sus nombres.
Blanca Wiethüchter
“El reposo”
Entro en mi casa
y me alojo en su centro
esperando la temperatura
que enmudece los ruidos inútiles.
En un andar del silencio
comienza el mundo
en un olor a fuego
en una hoja
en un cambio de sábanas
en una gana de hacer cosas
no siempre precisas.
Ya no soy la misma
y mis pasos en la voz
resuenan más oscuros.
Otro es el sol que arde
en los crepúsculos que contemplo
viajera inmóvil
pienso
sólo quiero cuidar de lo vivo
y tener luz
para él
y mis niñas.