Poemas recomendados de Paraguay
La poesía paraguaya guarda en sus versos la memoria, la tierra y la fuerza de una identidad profundamente ligada a sus raíces. Entre el guaraní y el español, estos poemas recorren emociones, paisajes y silencios que revelan la sensibilidad de una tradición literaria única en América Latina.
Elvio Romero
“Cintura”
El arco en desazón de tu cintura
cimbreó su tallo en fresco movimiento,
como si todo el soplo de tu aliento
no cupiese en la red de su envoltura.
La quemazón del lecho y su blancura,
sintió agitarse ese temblor violento
de tu cuerpo sembrado por el viento
con que ensayé sellar mi quemadura.
¡Oh, firmamento abrasador, sencilla-
mente ofrecer y asir soles profundos
al frutecer la sangre en el relente!
¡Y dar y recibir dones fecundos,
como un surco acogiendo la semilla
feraz y fértil en su mes ferviente!
Reneé Ferrer de Arréllaga
“Brindis”
Toma la copa de mi corazón
y bebe.
De su cuenco de sombra
paladea
las centellas airosas que me cruzan,
desde el rojo voltaje de sus nervios,
el sabor de mi centro.
Toma mi corazón,
y sorbe
su resentimiento en las rocas,
la espumosa alegría de la mañana,
el dulzor sentencioso de las despedidas,
al atardecer.
Entre tus labios
toma el borde de mi corazón
y saborea
el astringente bouquet de mi secreto.
Si tan siquiera hubiese algo que beber
yo te diría:
toma la copa de mi corazón,
y bebe.
Josefina Plá
“´Dejame ser”
Deja llevarme mi última aventura.
Déjame ser mi propio testimonio,
y dar fe de mi propia
desmemoria.
Déjame diseñar mi último rostro,
apretar en mi oído los pasos de la lluvia
borrándome el adiós definitivo.
Déjame naufragar asida
a un paisaje, una nube,
al vuelo humilde de un gorrión,
a un brote renaciente,
o siquiera al relámpago
que abra en dos mi último cielo.
Sujétame los brazos.
engrilla mis tobillos,
empareda mis párpados.
Pero tatuada una flor en la pupila,
crucificada un alba debajo de la frente,
acurrucado un beso en la raíz de la lengua,
déjame ser mi propio testimonio.