Poemas recomendados de Panamá

Poemas recomendados de Panamá

Desde las costas del Caribe hasta las llanuras del interior, los poetas panameños capturan en sus versos el espíritu de un país de encuentro y contrastes. Cada poema es un viaje a través de las historias, tradiciones y paisajes que definen a Panamá. Explora esta selección de poemas que te llevará a conocer un país lleno de color, historia y una profunda conexión con sus raíces.
Amelia Denis de Icaza

“Al Cerro Ancón”

Ya no guardas las huellas de mis pasos,

ya no eres mío, idolatrado Ancón.

Que ya el destino desató los lazos

que en tu falda formó mi corazón.

 

Cual centinela solitario y triste

un árbol en tu cima conocí:

allí grabé mi nombre, ¿qué lo hiciste?,

¿por qué no eres el mismo para mí?



¿Qué has hecho de tu espléndida belleza,

de tu hermosura agreste que admiré?

¿Del manto que con recia gentileza

en tus faldas de libre contemplé?



¿Qué has hecho de tu chorrillo sonoro,

de tu corriente bienhechora y fiel?

¿De tu murmullo, que en mi pecho imploro

como un consuelo de mi alma fiel?

Course Hero

 

¿Qué has hecho de tus árboles y flores,

de tu verdor que en mi alma se quedó?

¿De tus flores, que en mis años mejores

fueron mi alma, mi alma y mi amor?

 

¿Qué has hecho de tus suspiros, tus ansias,

de tus dolores que en mi pecho están?

¿De tus brisas, que en mi alma se lanzan

como un suspiro que mi alma dan?



¿Qué has hecho de tus cantos, tus canciones,

de tus aves que en mi alma se quedaron?

¿De tus trinos, que en mis corazones

fueron mi alma, mi alma y mi amor?

 

¿Qué has hecho de tus sueños, tus esperanzas,

de tus ilusiones que en mi alma están?

¿De tus sueños, que en mis corazones

fueron mi alma, mi alma y mi amor?

 

Ya no guardas las huellas de mis pasos,

ya no eres mío, idolatrado Ancón.

Que ya el destino desató los lazos

que en tu falda formó mi corazón.

Ricardo Miró

“Patria”

¡Oh patria tan pequeña, tendida sobre un istmo

donde es más claro el cielo y es más brillante el sol,

en mi resuena toda tu música, lo mismo

que el mar en la pequeña celda del caracol!



Revuelvo la mirada y a veces siento espanto

cuando no veo el camino que a ti me ha de tornar…

¡quizás nunca supiera que te quería tanto

si el Hado no dispone que atravesara el mar!

 

La patria es el recuerdo, pedazos de la vida

envueltos en jirones de amor o de dolor;

la palma rumorosa, la música sabida,

el huerto ya sin flores, sin hojas, sin verdor.

 

La patria son los viejos senderos retorcidos

que el pie desde la infancia sin tregua recorrió,

en donde son los árboles, antiguos conocidos

que al paso nos conversan de un tiempo que pasó.

 

En vez de esas soberbias torres con uréa flecha,

en donde un sol cansado se viene a desmayar,

dejadme el viejo tronco, donde escribí una fecha

donde he robado un beso, donde aprendí a soñar.

 

Oh, mis vetustas torres, queridas y lejanas,

yo siento la nostalgia de vuestro repicar;

he visto muchas torres, o muchas campanas,

pero ninguna supo cantar como vosotras, cantar y sollozar.



La patria es el recuerdo, pedazos de la vida

envueltos en jirones de amor o de dolor;

la palma rumorosa, la música sabida,

el huerto ya sin flores, sin hojas, sin verdor.

 

Oh patria tan pequeña que cabes toda entera

debajo de la sombra de nuestro pabellón;

quizás fuiste tan chica para que yo pudiera

llevarte por doquiera dentro del corazón.

Rogelio Sinán

“Viaje”

Las nubes -escolares

de escuela elemental-

han tomado sus libros

de luz y se van…

 

El caballo del viento

las conduce

sobre su lomo tierno.

 

¡Ya se van! ¡Ea! ¡Ea!

Y ¡adiós! les van diciendo

con sus pañuelos de humo

las chimeneas…

Elsie Alvarado de Ricord

“Amor ausente”

Siempre estás allá, como el mañana.

Procurando abreviar la espera mía,

amanezco mil veces cada día

y echo a volar el cielo en la ventana.

Para encender una esperanza vana,

para aromar de músicas la vía

y constelar la soledad vacía

le basta al hombre con su sed humana.

Sin embargo en las horas en que el mundo

muere de sombra, y el clamor suicida

golpea el corazón con mano fuerte,

gimen los peces en el mar profundo.

Amar ausente es orbitar la vida

desde las alas frías de la muerte.

Donde el amor dejó su sed escrita,

en ansia desplegó su dulce vuelo;

y para cada ascenso se abrió un cielo

de emoción espasmódica inaudita.

Cuando el adiós anocheció la cita

y el nunca más humedeció el pañuelo,

quemó lámparas lentas el desvelo

desde la soledad más infinita.

En la hojarasca gris del calendario

ardo, literalmente, en esta espera,

con un fulgor que es casi un fanatismo,

soñando que una vez tu itinerario

arribará a una pausa verdadera

en este amor que vive de sí mismo.