Poemas recomendados de Bolivia

Poemas recomendados de Bolivia

La poesía boliviana se alza entre la altura del altiplano y la hondura de sus mitos. Del modernismo pionero a la voz feminista y a la mirada sobre la tierra andina, sus poetas han sabido unir la música del verso con el paisaje y la conciencia social. Estos tres nombres abren la puerta a esa tradición.
Ricardo Jaimes Freyre

“Lo fugaz”

La rosa temblorosa
se desprendió del tallo,
y la arrastró la brisa
sobre las aguas turbias del pantano.

Una onda fugitiva
le abrió su seno amargo,
y estrechando a la rosa temblorosa
la deshizo en sus brazos.

Flotaron sobre el agua
las hojas como miembros mutilados,
y confundidas con el lodo negro,
negras, aún más que el lodo se tornaron.

Pero en las noches puras y serenas
se sentía vagar en el espacio
un leve olor de rosa
sobre las aguas turbias del pantano.

Adela Zamudio

“Nacer hombre”

Cuánto trabajo ella pasa
por corregir la torpeza
de su esposo, y en la casa,
(permitidme que me asombre)
tan inepto como fatuo
sigue él siendo la cabeza,
porque es hombre.

Si algunos versos escribe,
de alguno esos versos son,
que ella sólo los suscribe;
(permitidme que me asombre)
si ese alguno no es poeta
¿por qué tal suposición?
Porque es hombre.

Una mujer superior
en elecciones no vota,
y vota el pillo peor;
(permitidme que me asombre)
con sólo saber firmar
puede votar un idiota,
porque es hombre.

Él se abate y bebe o juega
en un revés de la suerte;
ella sufre, lucha y ruega;
(permitidme que me asombre)
ella se llama ser débil,
y él se apellida ser fuerte,
porque es hombre.

Ella debe perdonar
si su esposo le es infiel;
mas él se puede vengar;
(permitidme que me asombre)
en un caso semejante
hasta puede matar él,
porque es hombre.

¡Oh, mortal! ¡Oh mortal privilegiado,
que de perfecto y cabal
gozas seguro renombre!
Para ello ¿qué te ha bastado?
Nacer hombre.

Gregorio Reynolds

“Indio”

Inalterable, por la tierra avara
del altiplano, luce la mesura
de su indolente paso y su apostura,
la sobria compañera del aymara.

Parece, cuando lánguida se para
y mira la aridez de la llanura,
que en sus grandes pupilas la amargura
del erial horizonte se estancara.

O erguida la cerviz al sol que muere,
y de hinojos, oyendo el miserere
pavoroso del viento de la puna,

espera que del ara de la nieve
el sacerdote inmaterial eleve
la eucarística forma de la luna.