Pocas literaturas han dado a la poesía tanto como la española: de la voz meditativa de Castilla al duende andaluz, del intimismo romántico a la deslumbrante Generación del 27, sus poetas han cantado el amor, la muerte, el tiempo y la tierra con una intensidad inagotable. Estos tres nombres son puertas de entrada a esa tradición inmensa.
Gustavo Adolfo Bécquer
“Rima LIII”
Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar, y otra vez con el ala a sus cristales jugando llamarán.
Pero aquellas que el vuelo refrenaban tu hermosura y mi dicha a contemplar, aquellas que aprendieron nuestros nombres, esas… ¡no volverán!
Volverán las tupidas madreselvas de tu jardín las tapias a escalar y otra vez a la tarde aún más hermosas sus flores se abrirán.
Pero aquellas cuajadas de rocío cuyas gotas mirábamos temblar y caer como lágrimas del día… esas… ¡no volverán!
Volverán del amor en tus oídos las palabras ardientes a sonar, tu corazón de su profundo sueño tal vez despertará.
Pero mudo y absorto y de rodillas, como se adora a Dios ante su altar, como yo te he querido… desengáñate, ¡así no te querrán!
Antonio Machado
“Caminante, no hay camino”
Caminante, son tus huellas el camino y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante, no hay camino sino estelas en la mar.
Federico García Lorca
“Canción de jinete”
Córdoba. Lejana y sola.
Jaca negra, luna grande, y aceitunas en mi alforja. Aunque sepa los caminos yo nunca llegaré a Córdoba.
Por el llano, por el viento, jaca negra, luna roja. La muerte me está mirando desde las torres de Córdoba.
¡Ay qué camino tan largo! ¡Ay mi jaca valerosa! ¡Ay que la muerte me espera, antes de llegar a Córdoba!