Poemas recomendados de Honduras
La poesía hondureña del cambio de siglo se juega entre dos fuegos: el romanticismo heredado y el modernismo que llegaba desde Nicaragua con Rubén Darío. Su tríada fundacional —Juan Ramón Molina, Froylán Turcios y José Antonio Domínguez, amigos y compañeros en la Sociedad Literaria «La Juventud Hondureña»— produjo en pocos años una obra de enorme intensidad y destinos igualmente trágicos. Es una poesía de sirenas y volcanes, de sensualidad modernista y de vértigo metafísico, pero también profundamente cívica: Turcios convirtió el verso en trinchera contra el intervencionismo extranjero. Buena parte de esta obra sobrevivió gracias a su labor editorial, que compiló y publicó póstumamente a Molina.
Juan Ramón Molina
“Pesca de sirenas”
Péscame una sirena, pescador sin fortuna
que yaces pensativo del mar junto a la orilla.
Propicio es el momento porque la vieja luna
como un mágico espejo entre las olas brilla.
Han de venir hasta esta ribera una tras una
mostrando a flor de agua su seno sin mancilla,
y cantarán en coro, no lejos de la duna,
su canto que a los pobres marinos maravilla.
Penetra al mar entonces y escoge la más bella;
con tu red envolviéndola, no escuches su querella,
que es como el canto aleve de la mujer. El sol
la mirará mañana entre mis brazos loca
morir bajo el martirio divino de mi boca,
moviendo entre mis piernas su cola tornasol.
Froylán Turcios
“A Honduras”
Antes que verte triste y humillada,
esclava de un tirano al torpe acento
que te hiera indefensa en el tormento
con sangrienta y horrible bofetada;
antes de que te mire encadenada,
sin ambición, sin luz, sin pensamiento,
pisoteados los fueros de talento
por los fueros del rifle y de la espada;
antes que ver idolatrado tu suelo
bajo la planta ruin de un tiranuelo
que te lance el desprecio de su risa;
antes que ver vencida tu bandera,
en escombros mirarte prefiriera,
legendaria Numancia, hecha ceniza.
José Antonio Domínguez
“La musa heroica”
Si quieres que tu canto digno sea
de tu misión, del siglo y de la fama,
no derroches el estro que te inflama
en dulce pero inútil melopea.
Lanza las flechas de oro de la idea;
depón el culto de Eros y proclama
otro mejor; la lucha te reclama:
yérguete altivo en la social pelea.
No enerves tu vigor con el desmayo
del femenil deliquio; ya no es hora
de lágrimas y besos; doquier mira:
¡Hoy la estrofa compite con el rayo,
la inspiración es lava redentora
y clava en manos de Hércules la lira!