Poemas recomendados de Nicaragua

Poemas recomendados de Nicaragua

Nicaragua es, por derecho propio, la patria de la poesía en América Central: allí nació Rubén Darío, y a su sombra creció una tradición que no dejó de renovarse. Santiago Argüello, amigo y secretario de Darío, fue durante décadas el centro del modernismo nicaragüense, con sonetos de orfebre y paisajes exóticos. El padre Azarías H. Pallais, sacerdote andariego de León, llevó ese modernismo hacia la sencillez franciscana y la defensa de los pobres. Y Joaquín Pasos, muerto antes de cumplir 33 años, encarnó la vanguardia de Granada con una poesía de mirada indígena, humor y hondo dolor por el mundo.
Santiago Argüello

“Canicular”

Pasa el Dios. Nuestro Padre el Nilo pasa…
su lenta cauda de cristal desliza
como en felpa recóndita, y se irisa
con el pausado andar. Un sol de brasa

cae sobre él torrencial: un sol que arrasa
y echa soplos de fiebre en cada brisa;
un sol que anega en sueño la sonrisa
de cada loto azul. El Dios se abrasa.

Y en esa hora de siesta, y a la vera
del vasto lecho de sopor del Nilo,
con las fauces abiertas, cual si fuera

dentada sierra en que relumbra el filo,
inmóvil, cerca de una datilera,
bosteza bajo el sol un cocodrilo.

Azarías H. Pallais

“Entierro de pobre”

Entierro de pobre, ya sabes, amigo.
No quiero que vengan los otros, conmigo.

Los otros, aquellos del otro camino,
los que me dijeron: es agua tu vino.

Los que sacudieron mi rama florida
Para tejer burlas, en charla subida.

Entierro de pobre, ya sabes, amigo,
sin flores horribles de trapo, contigo,

Y mis cuatro hermanos bellos, silenciosos,
sin esa etiqueta, sin esos curiosos,

Sin los obligados que dicen: debía
venir al entierro y en charla vacía,

Prosiguen narrando su gracioso cuento.
Entierro de pobre. Mi acompañamiento

Será de unos pocos. La misa temprano,
de aquel Padre Valle, canto gregoriano.

En iglesia pobre y un solo cantor:
misa verdadera de Nuestro Señor.

También te suplico, me libres, hermano,
del insulto magno. Al diario profano,

Que a diario blasfema, dile, que no es cierto,
que quién le ha contado que me hubiese muerto

Que estoy bueno y sano y así no dirán
sus majaderías de parrampamplán:

Noble, generoso, digno, caballero,
ciudadano probo, patriota sincero,

De firme carácter, hombre superior…:
y otros disparates del mismo color.

Acuérdate hermano de todos aquellos
versos de mis libros, silenciosos, bellos.

Del «Agua Encantada», de estos mis «Caminos»
que son el consuelo de los peregrinos.

De «Espumas y Estrellas», del «Libro Menor»
que a todos encanta por su buen olor.

Entierro de pobre, ya sabes, amigo.
No quiero que vengan los otros conmigo.

Joaquín Pasos

“India caída en el mercado”

Pobre india doblada por el ataque
todo su cuerpo flaco ha quedado quieto
todo su cuerpo sufrido está pequeño, pequeño
todo su cuerpo tronchado es un pajarito muerto.
Su corazón —¡ah corazón despierto!— pájaro libre, pájaro suelto,
Carlos, ha dormido un momento.
Ella se desmayó, la desmayaron.
Al lavarle el estómago los médicos
lo encontraron vacío, lleno de hambre,
de hambre y de misterio.
Muy doloroso cuadro, Carlos.
Muy doloroso y sumamente amado.
Han volteado su cara —¡ah oscura palidez!—. Con el derrame
las yugulares están secas y la sangre
huyó secretamente, ¡ah,
la viera su madre!
Cerca, Carlos, cerca del occipucio
una moña chiquita se desgaja
y deja ver en la nuca una cruz blanca.
Tan cerca de la muerte y tan lejana,
su vida vale mucho, vale nada.
Los lustradores esperaban
obscenidades al levantar la falda
pero ella tiene una desnudez muy médica,
un lunar en la espalda,
y da la impresión de un ave herida
cuando cae su brazo como un ala.

Abran, abran
todas las gentes malas sus entrañas
y no encontrarán nada.
Ella tiene un ataque
que no lo sabe nadie.
Un ataque malo,
Carlos.