Poemas recomendados de Uruguay
La poesía del Uruguay vivió entre fines del siglo XIX y comienzos del XX una edad de oro que hizo de Montevideo uno de los centros del modernismo hispanoamericano. Juan Zorrilla de San Martín, el «poeta de la patria», dio al país su gran epopeya romántica con Tabaré, mientras Julio Herrera y Reissig, desde su célebre Torre de los Panoramas, llevó el verso modernista a sus imágenes más audaces y sorprendentes. A su lado, María Eugenia Vaz Ferreira, a quien Gabriela Mistral llamó «la madre de todas nosotras», abrió con una voz altiva y metafísica el camino de las grandes poetas uruguayas. Tres voces muy distintas que muestran la riqueza de una tradición breve en territorio pero inmensa en ambición.
Julio Herrera y Reissig
“La vuelta de los campos”
La tarde paga en oro divino las faenas.
Se ven limpias mujeres vestidas de percales,
trenzando sus cabellos con tilos y azucenas
o haciendo sus labores de aguja, en los umbrales.
Zapatos claveteados y báculos y chales…
Dos mozas con sus cántaros se deslizan apenas.
Huye el vuelo sonámbulo de las horas serenas.
Un suspiro de Arcadia peina los matorrales.
Cae un silencio austero… Del charco que se nimba
estalla una gangosa balada de marimba.
Los lagos se amortiguan con espectrales lampos,
las cumbres, ya quiméricas, corónanse de rosas.
Y humean a lo lejos las rutas polvorosas
por donde los labriegos regresan de los campos.
María Eugenia Vaz Ferreira
“Holocausto”
Quebrantaré en tu honra mi vieja rebeldía
si sabe combatirme la ciencia de tu mano,
si tienes la grandeza de un templo soberano
ofrendaré mi sangre para tu idolatría.
Naufragará en tus brazos la prepotencia mía
si tienes la profunda fruición del océano,
y si sabes el ritmo de un canto sobrehumano
silenciarán mis arpas su eterna melodía.
Me volveré paloma si tu soberbia siente
la garra vencedora del águila potente;
si sabes ser fecundo seré tu floración,
y brotaré una selva de cósmicas entrañas,
cuyas salvajes frondas románticas y hurañas
conquistará tu imperio si sabes ser león.
Juan Zorrilla de San Martín
“Tú y yo”
Perfume de una flor que, al desprenderse,
ni una hoja de sus pétalos lastima;
tibio efluvio de luna de verano
que en el disco plateado se destila;
calor de una mirada de ternura
que atraviesa inocente unas pupilas;
roce de un alma que, buscando otra alma,
en sí misma sin ruido se desliza:
ese es tu aliento
cuando suspiras.
Lágrima que oscilando sobre el alma,
se evapora al color del dolor mío;
rumor de oleaje que, en desierta orilla,
rueda mugiendo entre escarpados riscos;
ave que huye y, al volar llorando,
quiebra la rama en que dejó a sus hijos;
nota que, al desprenderse de una cuerda
deja al pobre laúd, temblando, herido:
eso, tan triste,
son mis suspiros.