Poemas recomendados de Cuba

Poemas recomendados de Cuba

La poesía cubana del siglo XIX nació marcada por el mar, el destierro y la tensión entre la belleza de la isla y la dureza de la colonia. Gertrudis Gómez de Avellaneda despidió a Cuba con uno de los sonetos más célebres del romanticismo hispánico, escrito al zarpar rumbo a España. Gabriel de la Concepción Valdés, «Plácido», poeta popular y mestizo, dejó en su «Plegaria a Dios» un testamento conmovedor antes de ser fusilado. Y Julián del Casal, precursor del modernismo, convirtió la melancolía y el gusto por los objetos refinados en una música nueva para la lengua.
Gertrudis Gómez de Avellaneda

“Al partir”

¡Perla del mar! ¡Estrella de occidente!
¡Hermosa Cuba! Tu brillante cielo
la noche cubre con su opaco velo,
como cubre el dolor mi triste frente.

¡Voy a partir!… La chusma diligente,
para arrancarme del nativo suelo
las velas iza, y pronta a su desvelo
la brisa acude de tu zona ardiente.

¡Adiós, patria feliz, edén querido!
¡Doquier que el hado en su furor me impela,
tu dulce nombre halagará mi oído!

¡Ay! que ya cruje la turgente vela,
el ancla se alza… el buque, estremecido,
las olas corta y silencioso vuela.

Julián del Casal

“Mis amores (Soneto Pompadour)”

Amo el bronce, el cristal, las porcelanas,
Las vidrieras de múltiples colores,
Los tapices pintados de oro y flores
Y las brillantes lunas venecianas.

Amo también las bellas castellanas,
La canción de los viejos trovadores,
Los árabes corceles voladores,
Las flébiles baladas alemanas;

El rico piano de marfil sonoro,
El sonido del cuerno en la espesura,
Del pebetero la fragante esencia,

Y el lecho de marfil, sándalo y oro,
En que deja la virgen hermosura
La ensangrentada flor de su inocencia.

Gabriel de la Concepción Valdés, «Plácido»

“Plegaria a Dios”

Ser de inmensa bondad, Dios poderoso,
A vos acudo en mi dolor vehemente;
Extended vuestro brazo omnipotente,
Rasgad de la calumnia el velo odioso,
Y arrancad este sello ignominioso
Con que el mundo manchar quiere mi frente.

Rey de los reyes, Dios de mis abuelos,
Vos solo sois mi defensor, Dios mío.
Todo lo puede quien al mar sombrío
Olas y peces dio, luz a los cielos,
Fuego al sol, giro al aire, al norte hielos,
Vida a las plantas, movimiento al río.

Todo lo podéis vos, todo fenece
O se reanima a vuestra voz sagrada:
Fuera de vos, Señor, el todo es nada,
Que en la insondable eternidad perece,
Y aun esa misma nada os obedece,
Pues de ella fue la humanidad creada.

Yo no os puedo engañar, Dios de clemencia,
Y pues vuestra eternal sabiduría
Ve al través de mi cuerpo el alma mía
Cual del aire a la clara transparencia,
Estorbad que humillada la inocencia
Bata sus palmas la calumnia impía.

Mas si cuadra a tu suma omnipotencia
Que yo perezca cual malvado impío,
Y que los hombres mi cadáver frío
Ultrajen con maligna complacencia,
Suene tu voz, y acabe mi existencia…
¡Cúmplase en mí tu voluntad, Dios mío!