Poemas recomendados de Puerto Rico
La poesía de Puerto Rico creció entre el amor al terruño y el anhelo de libertad, y en el tránsito del siglo XIX al XX dio voces que todavía resuenan en la isla. Lola Rodríguez de Tió, autora de la letra revolucionaria de «La Borinqueña», unió el lirismo romántico con la militancia antillanista que la llevó al destierro en Cuba. José de Diego, el «Caballero de la Raza», convirtió el soneto en un grito de resistencia en sus Cantos de rebeldía. Y Luis Lloréns Torres, el cantor del Valle de Collores, fundió el modernismo con la décima jíbara y una afirmación orgullosa de la identidad puertorriqueña.
Lola Rodríguez de Tió
“Blanco rayo de luna…”
Blanco rayo de luna,
desciende ya, ilumina
las horas de tristeza
que oscurecen mi vida.
Desciende en la onda clara
de tu lumbre tranquila
y québrate en mi seno
donde el dolor se abriga.
Mis húmedas miradas
en ti solo se fijan,
y un misterioso anhelo
consume el alma mía.
Al fulgor de tu lumbre,
de la mente indecisa
visiones vagorosas
se alzan y me acarician,
y con helados besos,
con lánguida sonrisa,
de mis sueños me hablan
y luego se disipan.
Blanco rayo de luna,
desciende ya, ilumina
la noche de los tristes
que por amor suspiran.
José de Diego
“En la brecha”
¡Ah, desgraciado, si el dolor te abate,
si el cansancio tus miembros entumece!
Haz como el árbol seco: reverdece
y como el germen enterrado: late.
Resurge, alienta, grita, anda, combate,
vibra, ondula, retruena, resplandece…
Haz como el río con la lluvia: ¡crece!
Y como el mar contra la roca: ¡bate!
De la tormenta al iracundo empuje,
no has de balar, como el cordero triste,
sino rugir, como la fiera ruge.
¡Levántate! ¡revuélvete! ¡resiste!
Haz como el toro acorralado: ¡muge!
O como el toro que no muge: ¡¡embiste!!
Luis Lloréns Torres
“A Puerto Rico”
La América fue tuya. Fue tuya en la corona
embrujada de plumas del cacique Agüeybana,
que traía el misterio de una noche de siglos
y quemóse en el rayo de sol de una mañana.
El África fue tuya. Fue tuya en las esclavas
que el surco roturaron, al sol canicular.
Tenían la piel negra y España les dio un beso
y las volvió criollas de luz crepuscular.
También fue tuya España. Y fue San Juan la joya,
que aquella madre vieja y madre todavía,
prendió de tu recuerdo como un brillante al aire
sobre el aro de oro que ciñe la bahía.
¿Y el Yanki de alto cuerpo y alma infantil quizás?…
¡El Yanki no fue tuyo ni lo será jamás!