Poemas recomendados de Costa Rica

Poemas recomendados de Costa Rica

La poesía costarricense moderna nace entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, cuando un país pequeño y agrícola empieza a reconocerse en sus propios versos. Aquileo J. Echeverría, a quien Rubén Darío llamó «el poeta de Costa Rica», dio voz al campesino —el «concho»— en sus Concherías sin abandonar el lirismo íntimo de sus Romances. Lisímaco Chavarría, hijo de San Ramón y renovador modernista, cantó la tierra, los bueyes, la guaria morada y los colores de la bandera. Justo A. Facio, nacido en Panamá pero figura central de la vida cultural josefina, aportó el soneto culto y parnasiano de sus «Bronces», y fue además quien le consiguió a Chavarría su empleo en la Biblioteca Nacional.
Aquileo J. Echeverría

“Alma”

Yo tengo una capilla
de todos ignorada;
una santa capilla donde guardo
los recuerdos de mi alma.
Allí el frescor alegre
de mi niñez lejana,
las horas de ventura
que fáciles resbalan,
las horas de un minuto,
las horas de esperanza.
Allí el cesto de rosas,
que la ilusión forjara,
mis amores difuntos
y mis glorias soñadas.
Cuando una nueva herida,
del mundo en la batalla,
debilita mis fuerzas
y mi valor quebranta;
cuando la vida pesa,
cuando es triste y amarga,
cuando nada me dicen
los pájaros que cantan,
ni la estrella que brilla,
ni la nube que pasa,
ni la flor primorosa
que los ojos regala;
cuando todo es tinieblas,
cuando todas son ansias,
mis pasos encamino a la capilla santa…
y en ella encuentro alivio,
y en ella encuentro calma.
Que es bálsamo que cura mis dolores
¡el beso de mi madre idolatrada!

Lisímaco Chavarría

“Nuestra bandera”

Rojo: así son los labios de las niñas,
el tinte del crepúsculo, la rosa
de Sión y el arrebol de la sabrosa
granada que sazona en mis campiñas.

Azul: así el color de las montañas
erguidas al espacio, así los mares
y el cielo en donde ruedan a millares
los astros como fúlgidas arañas.

Blanco: la nieve secular es blanca,
la inocencia, la espuma del riachuelo
y el rostro casto de la Venus manca.

Los tintes más preciados de las flores,
luces, bandera, cual jirón que el cielo
colgara de la altura, hecho colores.

Justo A. Facio

“Colón”

Interroga el misterio con audacia:
dijérase un demente, un temerario;
hay en él humildad de proletario
y altiveces de césar en desgracia!

Le moteja el error de contumacia,—
él desdeña el empeño legendario
y su grave mirar de visionario
en la serena inmensidad espacia.

Habla de un mundo, solicita, increpa:
quiere en endeble y fementida nave
de mar sin playas recorrer la estepa.

En medio de la mofa y del amago,
por su fe en el rogar, por lo que sabe,
es un mendigo que parece un mago!