Rosalía de Castro – Autora destacada del mes
Rosalía de Castro nació en Santiago de Compostela en febrero de 1837, hija natural de una hidalga empobrecida, Teresa de Castro, y de un sacerdote, José Martínez Viojo, que no pudo reconocerla. La bautizaron como hija de padres desconocidos y pasó sus primeros años en la aldea de Ortoño, entre labriegos, al cuidado de una nodriza y de una tía paterna. Esa infancia rural le dio el oído para la lengua y las canciones populares de Galicia. Más tarde vivió con su madre en Padrón y en Santiago, estudió algo de dibujo y música y probó el teatro aficionado. En 1856 viajó a Madrid, donde publicó el poemario La flor (1857) y se casó, en octubre de 1858, con el historiador Manuel Murguía. Al año siguiente apareció su novela La hija del mar.
Su vida adulta fue itinerante, con residencias en Galicia y Castilla, mala salud y siete hijos, uno de ellos nacido muerto y otro fallecido a los pocos meses. Con Cantares gallegos (1863) dio voz poética al gallego tras siglos de desuso literario, y por eso hoy se la considera fundadora de la literatura gallega moderna. Siguió con Follas novas (1880), de tono más íntimo y sombrío. En castellano publicó En las orillas del Sar (1884), su libro de madurez, una meditación sobre el tiempo, la pérdida, la soledad y la duda que hoy se lee como precursora de la poesía moderna española. Murió en Padrón el 15 de julio de 1885, a los 48 años.
Poemas destacados
Tú para mí, yo para ti, bien mío
I
Tú para mí, yo para ti, bien mío
— Murmurabais los dos — ;
«Es el amor la esencia de la vida,
No hay vida sin amor.»
¡Qué tiempo aquel de alegres armonías!..
¡Qué albos rayos de sol!…
¡Qué tibias noches de susurros llenas,
Qué horas de bendición!
¡Qué aroma, qué perfumes, qué belleza
En cuanto Dios crió,
Y cómo entre sonrisas murmurabais:
«No hay vida sin amor.»
II
Después, cual lampo fugitivo y leve,
Como soplo veloz,
Pasó el amor…, la ciencia de la vida…
Mas… aun vivís los dos.
Tú de otro y de otra yo — dijisteis luego.
¡Oh mundo engañador!
Ya no hubo noches de serena calma,
Brilló enturbiado el sol…
¿Y aún, vieja encina, resististe?, ¿aún late,
Mujer, tu corazón?
No es tiempo ya de delirar; no torna
Lo que por siempre huyó.
No sueñes, ¡ay!, pues que llegó el invierno
Frío y desolador.
Huella la nieve, valerosa, y cante
Enérgica tu voz.
¡Amor!, llama inmortal, rey de la tierra,
Ya para siempre ¡adiós!